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title: "No hay “lista negra”; son los ‘chayoteros’ públicos de todos conocidos"
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description: "‘Que la vida pública sea cada vez más pública y transparente’: AMLO"
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date_published: "2026-08-14T12:16:00-06:00"
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tags:
  - "AMLO"
  - "Claudia Sheinbaum"
  - "México"
  - "Prensa"
  - "Sheinbaum"
author_name: "Jesús Francisco Sánchez"
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category_name: "Nacional"
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category_description: "Entérate de las últimas noticias sobre lo que está ocurriendo en México"
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# No hay “lista negra”; son los ‘chayoteros’ públicos de todos conocidos

**Nada en lo oscurito. Nada escondido. La vida pública debe ser cada vez más pública. Y eso es precisamente lo que incomoda a quienes durante años han tenido el privilegio de hablar sin que nadie les responda.**

No hay ninguna “lista negra” del Gobierno de México.

Hay, en todo caso, **una lista pública conocida por todos -nada extraordinario-, abierta y transparente de medios de comunicación y comentaristas que participan de manera constante en la conversación pública y que, un día sí y el otro también, dedican buena parte de sus contenidos a vilipendiar, descalificar y atacar el proceso de transformación que vive México.**

Y quizá eso sea precisamente lo que tanto ha molestado.

Porque durante mucho tiempo algunos medios y opinadores estuvieron acostumbrados a lanzar acusaciones, descalificaciones y señalamientos desde sus espacios de comunicación sin enfrentar una réplica institucional que pusiera sus contenidos bajo el escrutinio público.

Ahora existe esa réplica.

Y eso ha provocado una reacción desproporcionada.

**La “lista negra” que nunca fue lista negra**

El ejercicio presentado por Luisa María Alcalde en la conferencia denominada **Derecho de Réplica** fue, en esencia, un ejercicio de exposición pública.

Se presentaron públicamente los nombres de medios y comentaristas cuyos contenidos forman parte de una dinámica permanente de crítica hacia el Gobierno de México y la Cuarta Transformación, misma que es retomada por granjas de bots y que artificialmente a través de fuertes inversiones de recursos financieros se convierten en tendencia.

Eso no es censura. Eso no es persecución. Eso no es una “lista negra”.

**Es exposición pública de personajes y contenidos que ya son, por definición, públicos.**

Y aquí vale la pena recordar una frase que Andrés Manuel López Obrador convirtió en uno de los principios centrales de su concepción de la vida democrática: **“La vida pública debe ser cada vez más pública”.**

No hay mayor misterio. Si un periodista, comentarista, conductor o medio de comunicación publica diariamente sus opiniones y contenidos en espacios abiertos al público, esos contenidos forman parte de la conversación pública y pueden ser analizados, cuestionados y replicados.

**Lo que realmente parece incomodar**

El problema no parece ser que existan nombres. El problema es que **ahora esos nombres también pueden ser señalados públicamente y sus contenidos pueden recibir una respuesta.**

Y eso cambia las reglas del juego.

Durante años, determinados sectores de la comentocracia tuvieron una enorme capacidad para instalar narrativas, colocar temas en la agenda y presentar sus interpretaciones como si fueran verdades incuestionables.

Hoy, en cambio, el Gobierno también responde.

Y la respuesta pública no elimina ninguna libertad.

No les quita el micrófono.

No les cierra sus espacios.

No les impide publicar.

No les prohíbe opinar.

No les cancela sus plataformas.

**Simplemente les responde.**

Y responder no es censurar.

**El derecho de réplica también existe**

Hay un principio elemental que parece haberse perdido en medio de la indignación selectiva: **el derecho de réplica también es un derecho.**

Si un medio de comunicación publica información, opiniones o señalamientos relacionados con una institución pública, esa institución tiene derecho a responder.

Y la ciudadanía tiene derecho a conocer ambas versiones.

Una democracia saludable no funciona con una sola voz.

Funciona precisamente mediante la confrontación de ideas, argumentos, datos y versiones.

Por eso resulta paradójico que quienes defienden permanentemente la libertad de expresión parezcan escandalizarse cuando alguien decide ejercerla para responderles.

**La libertad de expresión no significa tener el monopolio de la palabra.**

También significa aceptar que otros puedan contestar.

**¿Y las granjas de bots?**

El ejercicio presentado por Luisa María Alcalde también puso sobre la mesa un fenómeno que merece discusión: **la amplificación artificial de determinados contenidos en redes sociales mediante redes de cuentas automatizadas o coordinadas.**

La cuestión no es menor.

En la actualidad, una publicación puede pasar de tener una circulación limitada a convertirse aparentemente en una gran tendencia mediante mecanismos de amplificación artificial.

Por eso también resulta legítimo preguntar:

¿Quién financia esas operaciones?

¿Quién las coordina?

¿Con qué objetivos?

¿Quién se beneficia de convertir determinados contenidos en tendencias artificiales?

Esas preguntas forman parte de la discusión democrática y deberían poder plantearse sin que inmediatamente aparezca el argumento de la “censura”.

Porque **investigar cómo se construyen artificialmente determinadas narrativas no equivale a censurar a quienes las producen.**

**No se les prohíbe hablar: se les contesta**

Aquí está el punto central.

**Nadie les está quitando el derecho a publicar.**

Pueden seguir escribiendo.

Pueden seguir transmitiendo.

Pueden seguir opinando.

Pueden seguir criticando al Gobierno.

Pueden incluso seguir difundiendo, desde la perspectiva de sus críticos, contenidos que sean considerados infundados o falsos.

Lo que cambia es que **ya no necesariamente tendrán la última palabra.**

Y eso es precisamente lo que significa el derecho de réplica.

Si alguien habla, otro puede responder.

Si alguien acusa, el señalado puede defenderse.

Si alguien publica una versión, puede existir otra versión.

Y después de escuchar ambas, **es la ciudadanía la que decide.**

**La ciudadanía tiene la última palabra**

Ese es quizá el aspecto más importante de todo este debate.

No se trata de imponerle a la sociedad qué debe pensar.

Se trata de poner sobre la mesa información, argumentos y respuestas para que cada ciudadano pueda sacar sus propias conclusiones.

La democracia no necesita ciudadanos que reciban una versión única de los acontecimientos.

Necesita ciudadanos que puedan contrastar.

Que puedan comparar.

Que puedan cuestionar.

Que puedan identificar quién informa, quién opina, quién exagera, quién manipula y quién presenta argumentos sustentados.

**La ciudadanía es suficientemente inteligente para valorar los contenidos y ubicar a cada quien en su justa dimensión.**

Y si un periodista tiene razón, tendrá elementos para demostrarlo.

Si un gobierno tiene razón, podrá demostrarlo.

Si un medio presenta información sólida, podrá sostenerla.

Y si una acusación carece de fundamento, también podrá ser cuestionada públicamente.

Eso es debate democrático.

**La vida pública no puede volver a ser “en lo oscurito”**

Lo verdaderamente preocupante sería lo contrario: que los gobiernos jamás respondieran, que los medios nunca fueran cuestionados y que determinados comentaristas pudieran imponer su narrativa sin posibilidad de réplica.

Eso sí sería una forma de desequilibrio en el debate público.

Por eso el principio debe ser sencillo:

**Más transparencia. Más información. Más debate. Más réplica.**

No menos.

La vida pública, como decía López Obrador, **debe ser cada vez más pública.**

Y si un medio o un comentarista decide participar todos los días en ella, debe entender algo elemental:

**la crítica también genera respuesta.**

No hay lista negra.

Hay nombres públicos, contenidos públicos, debate público y derecho de réplica.

Y quizá eso sea justamente lo que algunos no soportan.

Porque durante mucho tiempo estuvieron acostumbrados a hablar desde una posición de enorme privilegio comunicativo.

Ahora tienen enfrente algo que no estaban acostumbrados a recibir:

**una respuesta pública, directa y contundente.**

Y eso, lejos de ser censura, **es parte de la democracia.**

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