
El golpe salvaje del Predial

Los gobiernos prianistas se caracterizan por ser muy espléndidos con el brete de la mercadotecnia, donde se invierten cantidades archimillonarias para estimular el espíritu del consumismo, en el cual pierden los jodidos y ganan los empresarios, ya que a los primeros llegan los cobros salvajes del escándalo publicitario y a los segundos los fajos de billetes, libres de polvo y paja.
Para muestras sólo un botón, donde sin rubor alguno, lo exhibieron este fin de año, donde el centro histórico de Durango capital se vistió de luces desde el cielo hasta el suelo, dando un espectáculo faraónico, que sin duda seducía a pensar que avanzamos, sin importar que la brújula de los costos estaba disparada y que sólo reparamos en sus agujas, cuando nos llegaron los cobros salvajes de su descompostura.
Los grandes abusos de las autoridades, los adultos mayores los hemos soportado muchas décadas y nunca hemos puesto un alto al martillazo de los impuestos. Siempre los habíamos tolerado, pero ahora que se les pasó la mano nos asustamos y avergonzamos de la forma vil, de cómo nos tienen tomada la medida, de la que hacen uso para satisfacer en ipso facto las exigencias de los proveedores de chácharas y chinampinas, quienes no les fían a largo plazo.
De ahí, el camino fácil y andado por muchos trienios para liquidarlos. Cargar los costos al pueblo con el incremento de los impuestos; pero esta vez se fueron lisos con el Predial, donde el cien les quedó chico, dado que en algunos asentamientos lo rebasaron, aplicando el trillado adagio, donde el tamaño del sapo definió el volumen y la velocidad de la pedrada.
Y ya que de sapos hablamos, hasta los que andaban muy inflados por su cercanía con Toñín (el alcalde José Antonio Ochoa), se desinflaron y su estructura chiclosa se arrugó ante tan tremendo pedradón, del que ni el Señor de Chalma los libró, pese a que algunos lo visitan de rodillas y le bailan 20 días descalzos.
Así que, a pagar sapos grandes y chicos, para el proyecto político de su gran amigo Toñín, que inicia el año que entra y termina en el 28, donde seguramente lo verán mondo y virondo, disfrutando a sus anchas, la gubernatura y el trasero de los sapos flojito y cooperando y sin hacer gestos, porque eso le corresponde a quien ya se los enchivarró.
La inflación de los impuestos va a la par con la panza de Toñín, que cada día crece y crece como alcancía de gallina echada, cuyos impuestos nunca lograrán llenarla, porque sus caprichos los cotiza en oro y los paga con el brillo de sus huevos.
Así está actuando el flamante alcalde, quien al troche moche, gasta miles de millones para apantallar a los duranguenses y a la hora de pagarlos acude a los bolsillos de los ciudadanos, quienes siempre quedan en estado de indefensión, ya que los regidores que se dicen sus representantes, marchan cogidos del brazo de su jefe, adheridos a la esencia olisca del botín, que los convierte en asquerosas aves de rapiña, dedicadas a rastrear los basureros, siempre en busca de carroña.
Así, en esa tesitura de los sapos, las gallinas y las aves de rapiña hemos desarrollado este desilvanado artículo, donde tampoco podríamos dejar al margen a los lobos de Morena, a quienes los chayoteros de las televisoras locales culpan de que el alcalde haya subido los impuestos, dado que en base a lo que recaude, será el monto que la federación le trasfiera. O sea que, para que el lobo feroz de Morena no se desayune a la Caperucita del PRIAN, ésta le tiene que juntar un chingo de abuelitas. Ah! Pues si así es, ¡Me rindo!


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