‘No lo he leído ni lo voy a leer’: Sheinbaum

La justa dimensión del libelo
Nacional16/02/2026Jesús Francisco SánchezJesús Francisco Sánchez
libelo web

En política, como en la vida pública, no todo libro merece lectura ni toda provocación amerita respuesta. La presidenta Claudia Sheinbaum fue tajante al referirse al volumen Ni venganza ni perdón, de Julio Scherer Ibarra:

“No lo he leído ni lo voy a leer porque aunque la crítica y la autocrítica siempre son importantes, en nuestro caso como parte de un movimiento, hay que ser consecuentes siempre. Uno no está aquí por el poder ni nos impuso nadie más que el pueblo, porque llegamos a transformar”.

La frase no es menor. En tiempos donde el escándalo editorial suele confundirse con debate público, la mandataria decidió colocar el tema en lo que considera su justa dimensión. El libro ha sido calificado en distintos espacios como un libelo, un bodrio. Ella, sin entrar al fondo del contenido, optó por una línea clara: consecuencia política antes que polémica mediática.

Consecuencia como principio

Sheinbaum insistió en que formar parte de un movimiento implica coherencia. No se trata solo de resistir la crítica, sino de entender el momento histórico y la responsabilidad política.

La presidenta recordó que, muchas veces, a las personas se les juzga por el tramo final de su trayectoria. Citó el caso del periodista Jacobo Zabludovsky, quien durante décadas trabajó en Televisa con una línea informativa vinculada al poder, pero que en su etapa final asumió una postura más crítica.

La referencia no fue casual. Más que defender o condenar, Sheinbaum pareció sugerir que las biografías no son estáticas y que la historia suele colocar a cada quien en su sitio. La pregunta implícita es otra: ¿qué pesa más, los años de cercanía con el poder o la última postura pública?

El libro y sus fuentes

Aunque afirmó no haberlo leído, la presidenta señaló —“por lo que he leído en los medios”— que habría que revisar con cuidado las fuentes de los señalamientos que ahí se presentan. No descartó cuestionamientos, pero sí dejó ver escepticismo sobre la solidez de algunas afirmaciones.

Además, lanzó una frase que deja entrever suspicacias políticas: “no por nada, pero con quién se escribe y la consecuencia de ello en términos de la transformación”. En otras palabras, el contexto importa. Las alianzas, también.

¿Impacto real o ruido digital?

Sobre el posible efecto del libro en el movimiento de transformación, Sheinbaum fue aún más directa:

“No creo que tenga mucho impacto, si tiene será en X y en el círculo rojo, pero la gente sabe lo que es el movimiento de transformación”.

La afirmación apunta a una vieja tensión en la política mexicana: la distancia entre la conversación digital y la percepción popular. Entre el trending topic y la urna. Entre el debate del “círculo rojo” y la experiencia cotidiana de millones.

La justa dimensión

Más allá del contenido del libro, la postura presidencial parece apostar por algo más estratégico: no sobredimensionar la crítica sin fundamento. En un país donde cada publicación puede convertirse en tormenta mediática, optar por la indiferencia calculada es también una forma de respuesta.

En el fondo, la discusión no gira únicamente en torno a un texto, sino a la narrativa de la transformación. Para Sheinbaum, el movimiento no depende de un libro ni de la conversación en redes, sino del respaldo popular que —afirma— lo llevó al poder.

La historia dirá si el libelo fue apenas ruido o si dejó alguna huella. Por ahora, desde Palacio Nacional, la respuesta es clara: no todo merece lectura, y no todo merece batalla.

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