Operación “narcopresidenta” para golpear a Sheinbaum

Involucrados la derecha internacional y Salinas Pliego

11/02/2026Jesús Francisco SánchezJesús Francisco Sánchez
derecha web

La ofensiva contra la presidenta Claudia Sheinbaum no es periodismo ni crítica política legítima: es una campaña de propaganda impulsada desde la derecha internacional, financiada y amplificada por intereses empresariales y mediáticos que han hecho de la mentira una estrategia. El uso del término “narcopresidenta” no sólo es una acusación sin pruebas; es una operación de guerra sucia destinada a erosionar la legitimidad democrática de un gobierno electo por millones de mexicanos.

El propio comunicador español Javier Negre, operador mediático de la ultraderecha y propietario de La Derecha Diario, lo admitió sin rodeos: fue invitado por Ricardo Salinas Pliego a México para “dar la batalla” contra “los zurdos” y contra el gobierno de Sheinbaum. No se trata de una cobertura informativa; es una intervención política explícita, con agenda ideológica y respaldo internacional.

La confesión, hecha en un foro de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) en Estados Unidos, exhibe la dimensión real del fenómeno: una red de actores que operan coordinadamente para atacar proyectos progresistas en América Latina. Negre no sólo reconoció el vínculo con Salinas Pliego; también presumió el apoyo del entorno político estadounidense alineado con Donald Trump para impulsar medios que confronten a gobiernos de izquierda y movilicen narrativas de miedo, desinformación y polarización.

Salinas Pliego y la maquinaria de la desinformación

El papel del empresario evasor de impuestos -que ha sido obligado a pagarlos- no es menor. Salinas Pliego no aparece como un actor pasivo ni como un simple crítico del gobierno: se posiciona como promotor de plataformas mediáticas con agenda ideológica, que buscan influir en la conversación pública y golpear políticamente a la administración federal.

La narrativa de persecución empresarial que difunden estos espacios pretende encubrir un conflicto real: las obligaciones fiscales y la relación histórica entre poder económico y poder mediático en México. Bajo ese contexto, la etiqueta “narcopresidenta” se revela como lo que es: una calumnia diseñada para desacreditar, no para debatir.

La estrategia responde a un patrón global de la derecha radical: construir enemigos internos, repetir acusaciones sin sustento y utilizar medios digitales para amplificar versiones extremistas hasta convertirlas en ruido político constante.

La ultraderecha y la exportación del conflicto

Negre lo dijo abiertamente: su medio ha intervenido en procesos políticos de distintos países y pretende hacer lo mismo en México. La lógica es clara: importar una “batalla cultural” basada en la confrontación, la descalificación y la criminalización del adversario político.

Ese modelo no busca informar; busca radicalizar. Se apoya en discursos antiizquierda, antiinmigrantes y conspirativos que han marcado la agenda de sectores ultraconservadores en Estados Unidos y Europa. La desinformación se convierte así en herramienta de presión política y en negocio mediático.

La respuesta de Sheinbaum: verdad frente a la calumnia

Frente a la campaña, la presidenta Claudia Sheinbaum ha respondido con una postura firme: no censurar, pero sí debatir y exhibir la mentira. Su réplica no se basa en la descalificación personal, sino en la defensa del derecho ciudadano a la información verificada.

“No censuramos a nadie. Debatimos, sí, pero no hay censura ni amenazas”, afirmó en conferencia. La mandataria subrayó que su gobierno enfrenta una campaña organizada desde la derecha nacional e internacional para denostar al proyecto de la Cuarta Transformación.

La respuesta institucional ha sido clara: informar, contrastar y evidenciar la falsedad. “El 99 por ciento de los casos son mentiras y dichos”, sostuvo, al insistir en que la única forma de enfrentar la desinformación es con datos, transparencia y comunicación directa con la ciudadanía.

Calumnia como estrategia política

El uso reiterado del término “narcopresidenta” no es un exceso retórico aislado; es parte de una táctica deliberada de deslegitimación. En cualquier democracia, acusaciones de esa magnitud requerirían pruebas contundentes. Aquí, en cambio, se repiten como consigna política y como contenido viral.

La derecha internacional y sus aliados mediáticos apuestan a que la repetición sustituya a la evidencia. Buscan instalar sospecha permanente, erosionar la confianza institucional y alimentar la polarización social.

Una disputa por la narrativa del país

Lo que está en juego no es sólo la imagen de una presidenta, sino la narrativa sobre el rumbo político de México. De un lado, un proyecto que se reivindica en la legitimidad electoral y la comunicación pública directa. Del otro, una red de intereses políticos, mediáticos y económicos que operan desde la confrontación y la desinformación.

La respuesta de Sheinbaum ha sido frontal: no callar, no censurar y no permitir que la mentira se imponga como verdad. En esa disputa, la batalla no es únicamente política; es también ética y comunicacional.

Porque cuando la calumnia se vuelve estrategia, defender la verdad deja de ser una opción y se convierte en una obligación democrática.

 

 

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