El día que Calderón liberó a ‘El Mencho’

Y más: el CJNG nació en 2011, en su sexenio
Nacional24/02/2026Jesús Francisco SánchezJesús Francisco Sánchez

Hay episodios que el discurso político intenta borrar. Pero la memoria —y los hechos— suelen ser más tercos que la narrativa. Uno de ellos ocurrió en 2012, en el ocaso del sexenio de Felipe Calderón Hinojosa: la captura y liberación exprés de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, en Zapopan, Jalisco.

 

Sí, leyó bien: capturado… y liberado apenas dos horas después.

 

La detención fugaz

 

De acuerdo con versiones documentadas en aquel momento, “El Mencho” fue detenido por fuerzas de seguridad en Zapopan. No era un desconocido. Para entonces, ya se le vinculaba con una estructura criminal emergente que comenzaba a consolidarse en Jalisco. Sin embargo, la detención no prosperó.

 

La orden para su liberación habría provenido del entonces gobernador panista de Jalisco, Emilio González Márquez, con el consentimiento del gobierno federal encabezado por Calderón.

 

El resultado: el hoy conocido líder del Cártel Jalisco Nueva Generación salió libre ese mismo día.

 

El dato incómodo: el CJNG nació en 2011

 

El Cártel Jalisco Nueva Generación no surgió en el vacío ni en otro sexenio. Nació formalmente en 2011, en plena administración calderonista. Es decir, mientras se desplegaba la llamada “guerra contra el crimen organizado”, también emergía una de las organizaciones más violentas y expansivas del país.

 

La cronología es clave:

 

2006–2012: Sexenio de Calderón, marcado por la militarización de la seguridad pública.

 

2011: Aparición pública del CJNG.

 

2012: Captura y liberación exprés de “El Mencho” en Zapopan.

 

La pregunta no es menor: ¿cómo fue posible que el líder de una organización en crecimiento fuera detenido y liberado en cuestión de horas?

 

La contradicción histórica

 

Durante años, el discurso panista sostuvo que la estrategia de confrontación frontal era la única vía para enfrentar a los grupos criminales. Sin embargo, los hechos muestran grietas profundas.

 

Bajo el gobierno de Calderón:

 

Se dispararon los índices de violencia.

 

Se fragmentaron organizaciones criminales, generando nuevas células más agresivas.

 

Emergieron estructuras como el CJNG, que en pocos años alcanzaría presencia nacional e internacional.

 

El episodio de Zapopan no es un detalle menor; es una pieza que encaja en un rompecabezas más amplio: el de una estrategia que, lejos de desmantelar el fenómeno, permitió la reconfiguración del mapa criminal.

 

Memoria frente a narrativa

 

Hoy, cuando desde ciertos sectores se intenta reescribir la historia o colocar etiquetas morales selectivas, conviene revisar los archivos. El CJNG no nació después. No surgió de la nada. Y su líder no fue un fantasma inalcanzable: estuvo detenido… y fue liberado.

 

La historia pública no se construye sólo con discursos, sino con decisiones concretas. Y algunas de esas decisiones —como aquella liberación en 2012— siguen pesando en la conversación nacional.

 

Porque antes de señalar hacia adelante, conviene mirar hacia atrás.

 

El dato crucial: su secretario de Seguridad, procesado en Estados Unidos

 

Hay un elemento que vuelve aún más delicado el análisis de aquel periodo. No se trata de una opinión, sino de un hecho judicial: el secretario de Seguridad Pública de Felipe Calderón, Genaro García Luna, fue detenido y procesado en Estados Unidos por vínculos con el narcotráfico.

 

Es decir, el funcionario responsable de encabezar la estrategia federal contra el crimen organizado —el hombre que concentró el poder operativo, la inteligencia y la coordinación policial durante la llamada “guerra contra el narco”— terminó sentado en el banquillo de los acusados en una corte estadounidense.

 

El dato no es menor. Es estructural.

 

Porque mientras públicamente se declaraba una ofensiva frontal contra los cárteles, el titular de la dependencia encargada de combatirlos fue señalado por colaborar con organizaciones criminales. La contradicción es histórica: el combate al crimen estaba dirigido por quien hoy enfrenta cargos precisamente por su presunta colusión con ese mismo crimen.

 

En ese contexto, la liberación exprés de “El Mencho” en 2012 deja de ser un episodio aislado y se convierte en parte de una trama más amplia, marcada por decisiones cuestionables, omisiones graves y una estrategia cuya credibilidad quedó profundamente erosionada con el caso García Luna.

 

La historia reciente obliga a revisar los hechos completos, no fragmentos convenientes. Porque cuando el encargado de combatir al crimen termina procesado por sus vínculos con él, el debate ya no es sólo político: es institucional.

 

Y entonces la pregunta deja de ser retórica: ¿qué tan sólida podía ser una estrategia de seguridad cuando su arquitecto principal hoy enfrenta la justicia en otro país?

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