
PT y PVEM sepultan la reforma electoral de la 4T
Espacio Libre MéxicoEn política, los momentos de definición llegan cuando los intereses chocan con los principios. Y esta semana en la Cámara de Diputados ocurrió uno de esos episodios que quedan grabados en la memoria política del país: el día en que el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) votaron junto al bloque opositor para frenar la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
La votación en el pleno dejó claro el desenlace. Se registraron 259 votos a favor, 234 en contra y una abstención, resultado insuficiente para alcanzar la mayoría calificada requerida para modificar la Constitución. Así, la ambiciosa iniciativa enviada por el Ejecutivo quedó detenida antes de poder concretarse.
Pero más allá de los números, lo que realmente ocurrió fue un reacomodo político que exhibió tensiones dentro del propio bloque que durante años se presentó como aliado de la llamada Cuarta Transformación.
La votación que cambió el tablero
Desde antes de llegar al pleno, la iniciativa enfrentaba un panorama complicado. Morena, con 253 legisladores, necesitaba al menos 81 votos adicionales para alcanzar la mayoría calificada necesaria para una reforma constitucional.
En teoría, esos votos podían provenir de los partidos que durante años han acompañado a la 4T en el Congreso. Sin embargo, lo que ocurrió fue exactamente lo contrario.
El Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México decidieron votar en contra del dictamen, alineándose con el bloque opositor integrado por el Partido Acción Nacional, el Partido Revolucionario Institucional y Movimiento Ciudadano.
El resultado fue inmediato: la reforma quedó matemáticamente bloqueada.
La reforma que incomodó a los partidos
La iniciativa presentada por el Ejecutivo no era una modificación menor. Buscaba transformar algunos de los pilares del sistema electoral mexicano: modificar el mecanismo de elección de legisladores plurinominales, reducir el financiamiento público a los partidos y disminuir el costo de las elecciones.
En términos políticos, significaba tocar dos de los mecanismos que durante décadas han sostenido a la partidocracia:
· las listas plurinominales definidas por las cúpulas partidistas, y
· el financiamiento público garantizado que permite a los partidos mantener sus estructuras incluso con bajo respaldo ciudadano.
Para muchos legisladores, esos cambios representaban un golpe directo a los equilibrios que han marcado la vida política del país.
No sorprende entonces que la resistencia no solo surgiera desde la oposición tradicional, sino también desde los propios aliados legislativos del movimiento gobernante.
La oposición cerró filas
Mientras el bloque de la 4T intentaba sumar votos para alcanzar la mayoría calificada, la oposición mantuvo una postura unificada.
El PAN, el PRI y Movimiento Ciudadano anunciaron desde el inicio su rechazo al proyecto, argumentando que la reforma debilitaba la pluralidad política y concentraba poder en el partido mayoritario.
Con ese frente opositor consolidado y con el voto en contra de PT y PVEM, el destino de la reforma quedó prácticamente definido antes de que se emitiera el último sufragio.
El Plan B
La derrota legislativa no significa necesariamente el final del intento de reforma.
Tras el resultado en el pleno, ya se explora un Plan B: impulsar parte de los cambios mediante leyes secundarias, un camino legislativo que solo requiere mayoría simple.
En ese terreno, Morena mantiene una ventaja clara en la Cámara de Diputados, lo que permitiría avanzar en algunos aspectos de la reforma sin necesidad de modificar la Constitución.
No sería la primera vez que un proyecto político recurre a este tipo de estrategias cuando el bloqueo constitucional se vuelve inevitable.
El costo político
Sin embargo, la historia política de este episodio aún está lejos de terminar.
La votación dejó una imagen difícil de borrar: dos partidos que durante años caminaron como aliados de la Cuarta Transformación terminaron votando junto al bloque opositor para frenar una de las iniciativas centrales del gobierno.
La gran incógnita ahora no está únicamente en el Congreso, sino en el terreno electoral.
Porque si algo ha demostrado la política mexicana en los últimos años es que las decisiones legislativas también se pagan —o se premian— en las urnas.
Y en ese escenario, el futuro político del PT y del PVEM podría depender de cómo interprete el electorado este episodio.
En política, como en la historia, las facturas casi siempre llegan. Y cuando llegan, suelen hacerlo en forma de votos.






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