Se quedaron con las ganas

Ni caos, ni crisis, ni fracaso en el Mundial de México
Internacional12/06/2026Jesús Francisco SánchezJesús Francisco Sánchez

Por más que lo intentaron, no pudieron.

Durante meses, los sectores más radicalizados de la oposición política y mediática construyeron una narrativa destinada a sembrar miedo, incertidumbre y desconfianza en torno a la inauguración del Mundial 2026 en México. Pronosticaron caos, violencia, desorganización, crisis económica y hasta un supuesto deterioro institucional que, según ellos, impediría al país estar a la altura de un evento de talla internacional.

Nada de eso ocurrió.

Lo que el mundo observó fue exactamente lo contrario: un México fuerte, organizado, estable y orgulloso de sí mismo. Millones de personas fueron testigos de una celebración que mostró la riqueza cultural, la capacidad logística y la fortaleza social de una nación que atraviesa uno de los momentos más importantes de su historia reciente.

La realidad volvió a derrotar a la propaganda.

Desde hace años, la derecha prianista y buena parte de la comentocracia han apostado sistemáticamente al fracaso de México. Lo hicieron cuando aseguraban que la economía colapsaría. Lo hicieron cuando afirmaban que las inversiones huirían del país. Lo hicieron cuando pronosticaban crisis políticas permanentes y aislamiento internacional.

Se equivocaron una y otra vez.

Los datos son contundentes. México vive un momento de enorme dinamismo económico, con niveles históricos de inversión extranjera directa, crecimiento sostenido en sectores estratégicos, fortalecimiento del mercado interno y una posición privilegiada dentro de la nueva configuración económica global impulsada por el fenómeno del nearshoring.

Mientras los agoreros del desastre siguen atrapados en la narrativa del fracaso, las empresas internacionales continúan apostando por México, los proyectos de infraestructura avanzan y la confianza de los mercados mantiene una tendencia positiva.

Pero quizá lo que más incomoda a los adversarios de la transformación es un hecho imposible de ocultar: la enorme legitimidad democrática de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Las encuestas nacionales muestran de manera consistente niveles de aprobación que cualquier mandatario en el mundo envidiaría. Millones de mexicanos respaldan su gestión porque perciben resultados concretos y porque identifican en ella la continuidad de un proyecto político que puso en el centro a quienes durante décadas fueron ignorados por las élites tradicionales.

Por eso la oposición insiste en fabricar realidades paralelas. Necesitan un México en crisis porque la estabilidad les resulta políticamente incómoda. Necesitan hablar de división porque no logran construir una alternativa competitiva. Necesitan exagerar problemas reales porque carecen de propuestas capaces de conectar con la mayoría social.

La inauguración del Mundial volvió a exhibir esa desconexión.

Mientras algunos esperaban incidentes para confirmar sus prejuicios, México ofreció una demostración de capacidad, organización y confianza. Mientras algunos deseaban que las cosas salieran mal para obtener una ganancia política, millones de mexicanos celebraban un momento histórico que proyectó al país ante los ojos del mundo.

La lección es clara.

México es mucho más grande que las campañas de desinformación, mucho más fuerte que las estrategias del miedo y mucho más sólido que los escenarios ficticios que diariamente intentan construir quienes no han logrado superar el rechazo ciudadano expresado en las urnas.

El Mundial no sólo mostró estadios llenos y una gran fiesta deportiva. También exhibió el fracaso de quienes apostaron por el caos y confirmó que la transformación sigue avanzando con el respaldo de una amplia mayoría de mexicanas y mexicanos.

Una vez más, la realidad derrotó a la narrativa.

 

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