Calderón usurpó la Presidencia: Sheinbaum

El fraude de 2006
Nacional03/07/2026Jesús Francisco SánchezJesús Francisco Sánchez

Felipe Calderón quiso festejar. Quiso ponerse la banda de la nostalgia. Quiso celebrar, veinte años después, aquel supuesto triunfo que lo llevó a ocupar la Presidencia de México. Pero la historia, cuando no ha sido cerrada con justicia, siempre regresa. Y esta vez regresó con la voz de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Desde la mañanera, Sheinbaum fue directa, firme y sin rodeos:

“Calderón llegó de forma espuria al Gobierno. El pueblo de México y Calderón saben que hubo fraude. Por seis años usurpó la Presidencia y lo digo con toda certeza”.

La frase cayó como un golpe de memoria contra quienes durante dos décadas han pretendido vender como democracia lo que millones de mexicanos recuerdan como un atraco político.

Porque 2006 no fue una elección cualquiera. Fue una herida abierta. Fue el momento en que el viejo régimen decidió que Andrés Manuel López Obrador no debía llegar a la Presidencia, aunque el pueblo lo empujara desde abajo, aunque las plazas estuvieran llenas, aunque la esperanza recorriera el país.

Aquella noche no sólo se contaron votos. Se contó también el tamaño del miedo que las élites le tenían al pueblo organizado.

Sheinbaum recordó que ella estuvo ahí, como vocera de la campaña de López Obrador. No habla de oídas. No habla desde la comodidad de la distancia. Habla desde la memoria de quienes revisaron actas, inconsistencias, casillas, números que no cuadraban, boletas que no coincidían y resultados que olían a manipulación.

Por eso el grito de “voto por voto, casilla por casilla” no fue un capricho. Fue una exigencia mínima de justicia democrática. Si Calderón estaba tan seguro de su triunfo, ¿por qué negarse al recuento total? ¿Por qué cerrar la puerta a la transparencia? ¿Por qué permitir que sólo se abriera una pequeña parte de las casillas?

La respuesta sigue pesando sobre la historia: porque el fraude no resiste la luz completa.

La presidenta también recordó otro dato que durante años se quiso minimizar: la intervención de Vicente Fox en el proceso electoral. El propio árbitro electoral reconoció esa intromisión, pero decidió no anular la elección. Es decir, se aceptó que hubo mano del poder presidencial, pero se protegió el resultado.

Así nació el calderonismo: con una mancha de origen.

Y esa mancha no fue simbólica. Tuvo consecuencias. Calderón llegó debilitado, cuestionado, sin legitimidad popular. Y para intentar construirse una autoridad que no le dieron las urnas de manera clara, lanzó al país a una guerra que bañó de sangre a México.

Ahí comenzó una de las etapas más dolorosas de nuestra historia reciente: miles de muertos, familias rotas, desapariciones, miedo, militarización y una violencia que todavía seguimos pagando.

Por eso no se puede hablar de Calderón sólo como un expresidente. Hay que hablar de él como el hombre que ocupó el poder bajo una sombra de fraude y que después intentó legitimarse con una guerra.

El fraude de 2006 no fue sólo contra López Obrador. Fue contra millones de mexicanos. Fue contra quienes hicieron fila para votar creyendo que su decisión sería respetada. Fue contra la democracia. Fue contra el derecho del pueblo a cambiar pacíficamente el rumbo del país.

Y por eso duele todavía.

Duele porque durante años nos dijeron que ya lo superáramos. Que era cosa del pasado. Que las instituciones habían hablado. Pero la memoria popular no se borra por decreto. Los pueblos no olvidan cuando les roban una elección. No olvidan cuando les arrebatan una esperanza. No olvidan cuando les imponen un gobierno que nunca terminó de sentirse legítimo.

Sheinbaum no abrió una herida nueva. Señaló una herida que nunca cerró.

Y lo hizo en un momento clave: cuando Felipe Calderón pretende reescribir la historia, presentarse como demócrata y disfrazar de triunfo lo que para millones fue una imposición.

No. No fue una fiesta democrática. Fue una operación política del viejo régimen.

El neoliberalismo dejó muchas cicatrices: 1988, 1994, 2006 y también 2012, cuando el poder económico, mediático y político volvió a cerrar filas para impedir que el pueblo decidiera libremente.

Pero 2018 cambió la historia. La diferencia fue tan grande, tan contundente, tan aplastante, que ya no pudieron operar el atraco. El pueblo votó en masa y derrotó no sólo a un candidato, sino a todo un sistema de imposición.

Por eso hoy la frase de Sheinbaum retumba con fuerza:

Calderón usurpó la Presidencia.

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