
Superpeso en $16.98; Vamos bien: Sheinbaum
Espacio Libre MéxicoEl peso se fortalece y la economía mexicana avanza: los datos contradicen el discurso catastrofista
Mientras la oposición y un sector de la comentocracia insisten en pintar un escenario de desastre, los indicadores económicos muestran una realidad muy distinta: el peso mexicano se fortalece y la economía entra en la segunda mitad de 2026 con señales positivas.
Hay una noticia que probablemente no será recibida con entusiasmo por la oposición y por ese sector de la comentocracia que lleva meses pronosticando crisis, recesión y desastre económico: el peso mexicano volvió a colocarse por debajo de los 17 pesos por dólar.
Y para la presidenta Claudia Sheinbaum, este comportamiento de la moneda mexicana se suma a otros elementos que apuntan a un mayor dinamismo económico durante la segunda mitad del año.
Durante la conferencia matutina de este viernes, Sheinbaum sostuvo que había anticipado que el segundo semestre tendría un mejor comportamiento, particularmente porque comenzaron a ponerse en marcha diversas obras públicas que habían sufrido retrasos administrativos.
Su mensaje fue claro: “vamos bien y cada mes va a estar mejor”.
La declaración adquiere relevancia en un contexto donde durante meses una parte de la oposición política y de los comentaristas más críticos de la Cuarta Transformación han construido un relato permanente de crisis.
Según esa narrativa, México estaría al borde del colapso, la economía estaría prácticamente paralizada y cualquier indicador negativo sería presentado como prueba definitiva del supuesto fracaso del gobierno.
Pero la realidad económica, como suele ocurrir, es bastante más compleja que los titulares catastrofistas.
El peso vuelve a dar una señal positiva
Que el dólar se ubique por debajo de los 17 pesos no significa, por sí mismo, que todos los problemas económicos del país hayan desaparecido. Sería absurdo sostenerlo.
Pero tampoco puede ignorarse cuando la moneda mexicana presenta un comportamiento sólido frente al dólar y cuando esto ocurre en medio de un escenario económico internacional que continúa siendo desafiante.
El fortalecimiento del peso representa, entre otras cosas, una señal de confianza de los mercados en determinados aspectos de la economía mexicana.
Y aquí aparece una contradicción incómoda para quienes llevan años anunciando que la economía mexicana está permanentemente al borde del desastre.
Si México estuviera realmente en el escenario de debacle que algunos describen todos los días, sería difícil explicar por qué el peso continúa mostrando esta fortaleza.
No se trata de propaganda. Se trata de observar los indicadores y discutirlos con seriedad.
La obra pública comienza a tomar velocidad
Sheinbaum también puso el acento en un elemento fundamental: la inversión pública.
La presidenta explicó que durante la primera parte del año diversas obras tuvieron retrasos derivados, principalmente, de procesos burocráticos.
Ahora, esos proyectos comienzan a avanzar.
Y cuando el Gobierno Federal acelera la construcción de infraestructura, el efecto no se limita a la obra misma.
Se movilizan empresas, trabajadores, proveedores, transportistas, materiales y servicios. Se genera actividad económica y se incrementa la circulación de recursos en distintas regiones del país.
Por eso la expectativa presidencial de que el segundo semestre tenga mayor dinamismo no es simplemente una frase política.
Forma parte de una estrategia económica basada en inversión pública, infraestructura y fortalecimiento de la capacidad productiva del país.
La realidad no coincide con el relato de la “catástrofe”
Durante años, algunos sectores políticos y mediáticos han convertido el pesimismo económico en una especie de modelo editorial.
Si el peso se mueve, es crisis.
Si la inflación sube temporalmente, es crisis.
Si baja algún indicador, es crisis.
Si el crecimiento no alcanza las expectativas más optimistas, es crisis.
Y si algún indicador mejora, entonces se busca inmediatamente una explicación para minimizarlo.
El problema de ese enfoque es que termina sustituyendo el análisis económico por propaganda política.
La economía mexicana tiene retos importantes. Hay problemas estructurales que deben atenderse y existen factores externos que pueden afectar el desempeño del país.
Pero reconocer esos desafíos no obliga a inventar una catástrofe que los datos no están demostrando.
México continúa siendo una de las economías más importantes de América Latina, mantiene una relación comercial estratégica con Estados Unidos y Canadá y cuenta con ventajas derivadas de la relocalización de cadenas productivas, además de una base industrial considerable.
En ese contexto, presentar al país como si estuviera económicamente en ruinas resulta, cuando menos, una descripción profundamente cuestionable.
Y sí, esto le duele a la “fachiza”
Por supuesto que estos datos incomodan a quienes han hecho del ataque permanente contra la Cuarta Transformación su principal argumento político.
Porque una cosa es criticar al gobierno —algo absolutamente legítimo en una democracia— y otra muy diferente es pasar años anunciando que todo está mal para después encontrarse con indicadores que contradicen buena parte de ese discurso.
La “fachiza” puede seguir gritando que México está en ruinas.
Puede seguir compartiendo pronósticos apocalípticos.
Puede seguir intentando convertir cada dato económico en una prueba del supuesto fracaso de la 4T.
Pero hay algo que no puede controlar:
los números.
Y los números no se pueden convencer con insultos, columnas de opinión ni campañas en redes sociales.
“Viento en popa”, pero con los pies en la tierra
Decir que la economía mexicana muestra señales positivas no significa afirmar que todos los problemas están resueltos.
Significa reconocer que el escenario es mucho menos dramático del que pretende vender una parte de la oposición y de la comentocracia.
El peso fuerte es un dato positivo.
El inicio de obras públicas es un dato positivo.
La expectativa de mayor actividad económica durante el segundo semestre es un dato positivo.
Y, sobre todo, es importante que la discusión económica vuelva a los indicadores y abandone el terreno de las profecías políticas.
Sheinbaum ha planteado que el segundo semestre será mejor.
Ahora toca observar los resultados.
Porque si las obras se aceleran, la inversión aumenta y la actividad económica cobra mayor fuerza, el discurso catastrofista tendrá cada vez más dificultades para sostenerse.
Mientras algunos siguen esperando que México se hunda para poder decir “se los dije”, la economía mexicana sigue su propio camino.
Y por ahora, para disgusto de la oposición y de quienes llevan años anunciando el apocalipsis económico, los indicadores cuentan una historia bastante diferente.
México tiene retos, sí.
Pero de ahí a afirmar que está en ruinas hay un trecho enorme.
La economía mexicana no está en el desastre que algunos desean. Por el contrario: hay señales de fortaleza, inversión y recuperación del dinamismo.
Y eso, para quienes viven de anunciar el fracaso de la 4T, probablemente sea la peor noticia de todas.



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