
“Huevones y mediocres": Fox exhibe el clasismo y desprecio de la derecha a los pobres
Jesús Francisco SánchezNauseabundo, Vicente Fox Quezada, se va en contra de los programas sociales, de los pobres, de los más necesitados; confirmando la más pura doctrina de la derecha afirmó que “son una burla”.
En una entrevista con El País de España -el que llegó a poder en el año 2000 y traicionó a la democracia-, afirmó que los programas sociales “le quitan a la gente ese deseo de luchar por ser alguien y alcanzar metas grandes. Te llevan a la comodidad, a la tranquilidad de vivir mediocremente”.
Sí, esos que consideran que los programas sociales para nuestros adultos mayores, para los discapacitados, las becas para nuestros niños y jóvenes, se financian con recursos que “algún día se van a acabar”, antes saqueaban impunemente las arcas públicas y se hacían de fortunas multimillonarias al amparo del poder público sin ningún pudor ni vergüenza.
Sí, esos que se olvidaron de los pobres, hicieron de México un país de pobres, ahora se desgarran las vestiduras porque llegó un movimiento al poder que ahora sí los voltea a ver, los toma en cuenta y los impulsa para salir adelante.
La podredumbre mental de Vicente Fox y la doctrina de la derecha así es, en el nombre de la libertad se asumen como libertarios para saquear, para robar, para anular al prójimo.
Sí, el traidor de la democracia está en contra de “darle dinero para que esté de huevón” a los adultos mayores, a los estudiantes, a los discapacitados.
Solos exhiben su miseria humana y moral, estas declaraciones a El País por parte del ex presidente panista, no son nuevas, es la misma retórica ilustrativa de la derecha más rancia, ignorante y repulsiva que existe.
El expresidente panista vuelve a exhibir una de las expresiones más crudas del pensamiento conservador: considerar que quien recibe un apoyo del Estado es un “huevón” que perdió las ganas de superarse.
Hay declaraciones que retratan mucho más a quien las pronuncia que a quienes pretende atacar.
Las recientes palabras de Vicente Fox Quesada son una de ellas.
En la entrevista, el expresidente panista arremetió contra los programas sociales y aseguró que entregar dinero a la población provoca que las personas pierdan “ese deseo de luchar por ser alguien y alcanzar metas grandes”.
Según Fox, los apoyos conducen a la gente a “la comodidad, a la tranquilidad de vivir mediocremente”.
Pero todavía fue más lejos.
Al hablar de los jóvenes y de la política social, afirmó que a la gente hay que darle “preparación, no dinero para que esté de huevón”.
Y ahí está el verdadero fondo de sus declaraciones.
No se trata solamente de una diferencia sobre política económica.
No se trata únicamente de cuánto debe gastar el Estado.
No se trata de una discusión académica sobre subsidios, transferencias o programas sociales.
Se trata de la manera en que una persona que ocupó la Presidencia de México habla de los pobres.
EL POBRE COMO “HUEVÓN”
Ese es el problema de fondo.
En el pensamiento que representan declaraciones como las de Fox, la pobreza deja de ser una realidad social compleja y se convierte en una especie de defecto moral.
Si eres pobre, te falta iniciativa.
Si necesitas apoyo, eres conformista.
Si recibes una pensión, eres mediocre.
Si una beca te ayuda a continuar estudiando, aparentemente ya no quieres esforzarte.
Si una persona con discapacidad recibe un apoyo, para esta visión podría estar siendo “mantenida”.
Y si un adulto mayor recibe una pensión después de toda una vida de trabajo, habría que preguntarle por qué ya no quiere “luchar”.
Ese es el nivel de deshumanización al que puede llegar el discurso de la derecha cuando habla de quienes menos tienen.
Porque resulta muy sencillo hablar de esfuerzo cuando se observa la pobreza desde una posición de privilegio.
Es muy fácil decir “échale ganas” cuando nunca has tenido que decidir entre comprar comida o comprar un medicamento.
Es muy sencillo hablar de emprendimiento cuando tienes patrimonio, contactos, educación y una red familiar que puede sostenerte si un proyecto fracasa.
Pero la vida real de millones de mexicanos no funciona así.
¿MEDIOCRIDAD O DIGNIDAD?
Vicente Fox dice que los apoyos llevan a la gente a una vida de “comodidad” y “mediocridad”.
Pero habría que preguntarle algo muy sencillo:
¿Qué entiende él por una vida digna?
Porque para un adulto mayor que trabajó durante décadas y nunca tuvo una pensión suficiente, recibir un apoyo puede significar comprar comida.
Para una persona con discapacidad, puede significar pagar transporte, medicamentos o alguna necesidad básica.
Para un estudiante de una familia con pocos recursos, una beca puede significar continuar en la escuela.
Para una madre o un padre, un apoyo puede representar la posibilidad de que sus hijos tengan una oportunidad que ellos nunca tuvieron.
¿Eso es mediocridad?
¿O simplemente es permitir que millones de personas puedan vivir con un poco más de dignidad?
La verdadera obscenidad no está en que una persona pobre reciba ayuda.
La obscenidad está en mirar a esa persona desde arriba y llamarla “huevona” porque necesita apoyo.
LA POBREZA NO ES UN DEFECTO MORAL
La pobreza no es falta de carácter.
No es flojera.
No es mediocridad.
Y mucho menos es una condición que convierta a una persona en menos valiosa que otra.
Una persona puede trabajar toda su vida y seguir siendo pobre.
Puede estudiar y no encontrar oportunidades.
Puede enfermar y perder sus ingresos.
Puede nacer en una comunidad sin infraestructura, sin escuelas suficientes, sin hospitales y sin empleos formales.
Puede tener una discapacidad.
Puede ser víctima de una desigualdad que no provocó.
Puede haber trabajado durante décadas en la informalidad y llegar a la vejez sin una pensión.
Reducir todas esas historias a “no quieren superarse” no es análisis.
Es prejuicio.
Y cuando ese prejuicio viene de un ex presidente de la República, resulta todavía más grave.
LA DERECHA QUE CONFUNDE POBREZA CON FRACASO PERSONAL
Durante décadas, una parte de la derecha mexicana ha insistido en una narrativa particularmente cómoda:
El que tiene dinero es porque se esforzó.
El que no tiene dinero es porque no se esforzó suficiente.
El exitoso es emprendedor.
El pobre es conformista.
El empresario arriesga.
El trabajador que necesita apoyo “vive del gobierno”.
El rico merece lo que tiene.
El pobre debe demostrar que merece recibir ayuda.
Es una visión del mundo donde las desigualdades de origen prácticamente desaparecen.
Como si todos hubiéramos nacido con las mismas oportunidades.
Como si todos hubiéramos recibido la misma educación.
Como si todos hubiéramos tenido acceso a los mismos servicios de salud.
Como si todos hubiéramos comenzado la carrera desde la misma línea de salida.
Pero no es así.
Y precisamente por eso una sociedad civilizada crea mecanismos para proteger a quienes enfrentan mayores dificultades.
No porque sean incapaces.
No porque sean “huevones”.
No porque sean mediocres.
Sino porque una sociedad que se precie de ser justa no abandona a sus integrantes más vulnerables.
EL CLASISMO DISFRAZADO DE “CULTURA DEL ESFUERZO”
El problema de discursos como el de Fox es que suelen esconder el clasismo detrás de palabras aparentemente nobles.
“Esfuerzo”.
“Superación”.
“Emprendimiento”.
“Mérito”.
Todas son palabras positivas.
El problema aparece cuando se utilizan para despreciar a quienes no tuvieron las mismas oportunidades.
Porque una cosa es defender el esfuerzo personal y otra muy diferente es utilizarlo como argumento para decirle al pobre que su pobreza es culpa de su falta de voluntad.
Eso no es cultura del esfuerzo. Es clasismo.
Y el clasismo se vuelve todavía más cruel cuando quien lo expresa jamás se pregunta por las circunstancias que llevaron a millones de personas a vivir en condiciones de precariedad.
EL ADULTO MAYOR NO ES “HUEVÓN”
Hay algo particularmente indignante en las palabras de Fox.
Hablar de un adulto mayor como alguien que recibe dinero “para estar de huevón” implica borrar toda su historia.
¿Dónde queda una vida entera de trabajo?
¿Dónde quedan los años en el campo?
¿Dónde quedan las jornadas laborales?
¿Dónde quedan quienes trabajaron sin prestaciones?
¿Dónde quedan quienes nunca tuvieron una pensión digna?
¿Dónde queda el esfuerzo de las mujeres que dedicaron décadas al trabajo doméstico y de cuidados sin recibir un salario?
¿En qué momento toda esa vida se reduce a la palabra “huevón”?
En el momento en que se deja de mirar a la persona y solamente se mira el dinero que recibe.
Y ahí aparece la verdadera deshumanización.
Porque cuando se mira al pobre como una cifra, es fácil juzgarlo.
Cuando se mira como una persona, la historia cambia.
TAMPOCO EL ESTUDIANTE ES “HUEVÓN”
Una beca no convierte a un joven en flojo.
Un estudiante no deja de esforzarse porque recibe una ayuda.
De hecho, para muchos jóvenes de familias de bajos ingresos, contar con un apoyo puede ser precisamente lo que les permite continuar estudiando.
Pero desde la lógica de Fox parece que ayudar a alguien es quitarle las ganas de salir adelante.
Es una visión profundamente simplista.
Porque la pregunta nunca debería ser:
“¿Por qué le están dando dinero?”
La pregunta debería ser:
“¿Qué condiciones necesita esta persona para tener una oportunidad real de salir adelante?”
LA POBREZA NO NECESITA SER HUMILLADA
Y aquí está quizá la parte más importante.
Una persona pobre no necesita que un político le recuerde que es pobre.
No necesita que le digan que es mediocre.
No necesita que la llamen floja.
No necesita que le expliquen que debería “echarle ganas”.
Lo que necesita es oportunidad.
Educación.
Salud.
Seguridad.
Empleo digno.
Salarios suficientes.
Y, cuando las circunstancias lo requieren, una red de protección social.
Eso no elimina la responsabilidad individual.
La complementa.
Porque una cosa es decirle a una persona “tienes que salir adelante” y otra muy distinta es decirle “si no has salido adelante, es porque eres un huevón”.
La primera puede ser una exhortación.
La segunda es una humillación.
FOX NO ESTÁ HABLANDO SOLAMENTE DE DINERO
Y por eso las palabras de Vicente Fox deberían analizarse más allá de la polémica inmediata.
Porque cuando dice que los apoyos producen “mediocridad”, está emitiendo un juicio sobre millones de mexicanos.
Cuando habla de personas que reciben dinero “para estar de huevón”, está descalificando a quienes necesitan un respaldo económico.
Cuando presenta la tranquilidad de una persona como algo negativo, está revelando una concepción en la que la pobreza parece tener también una culpa moral.
Eso es lo verdaderamente preocupante.
No que Fox esté en desacuerdo con una política pública.
Tiene todo el derecho a cuestionarla.
Lo preocupante es que para hacerlo tenga que recurrir al desprecio.
LA MISERIA NO ESTÁ EN RECIBIR AYUDA
Una persona que recibe una pensión no es menos digna.
Un estudiante que recibe una beca no es menos capaz.
Una persona con discapacidad que recibe un apoyo no es menos valiosa.
Una familia que recibe ayuda en un momento de dificultad no es menos trabajadora.
La dignidad de una persona no depende de cuánto dinero tenga en su cuenta bancaria.
Y esa es una verdad que debería ser elemental.
El problema es que para una parte de la derecha todavía parece difícil comprenderla.
Porque siguen observando a los pobres desde arriba.
Los miran como números.
Como votos.
Como beneficiarios.
Como “carga”.
Como gente que debe demostrar que merece recibir algo.
Y cuando finalmente reciben un respaldo del Estado, algunos reaccionan con indignación.
VICENTE FOX SE EXHIBIÓ SOLO
No hacía falta responderle con insultos.
Sus propias palabras bastan.
Porque cuando un ex presidente llama “huevón” a quien recibe un apoyo, no está demostrando superioridad.
Está demostrando distancia.
Cuando llama “mediocre” a quien encuentra un poco de tranquilidad después de una vida de carencias, no está defendiendo el esfuerzo.
Está revelando una profunda falta de empatía.
Y cuando presenta la ayuda social como una amenaza contra la superación personal, termina exponiendo una visión del mundo en la que el pobre debe sufrir para demostrar que merece salir adelante.
Eso no es libertad.
Eso no es mérito.
Eso no es justicia.
Eso es clasismo.
Y quizá la frase más contundente para cerrar esta discusión sea precisamente esta:
El problema nunca fue que los pobres recibieran ayuda.
El problema es que algunos nunca soportaron que los pobres fueran tratados como ciudadanos con derechos y no como seres humanos de segunda categoría.
Vicente Fox volvió a hablar.
Y, una vez más, terminó diciendo mucho más de sí mismo que de los mexicanos a los que pretendía juzgar.


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