El cínico de Fox confiesa: "Nos olvidamos de los pobres"

AMLO llegó, los puso primero y la derecha nunca lo perdonó
Nacional11/08/2026Espacio Libre MéxicoEspacio Libre México

El expresidente panista admite que los gobiernos y empresarios se olvidaron de quienes menos tenían. Pero, paradójicamente, hoy desprecia los programas sociales que colocaron al pueblo en el centro de la política pública. Su propia confesión lo retrata.

Hay frases que deberían quedar grabadas en la historia política de un país.

No porque hayan sido pronunciadas por un gran estadista.

Sino porque, accidentalmente, dicen toda la verdad.

Vicente Fox Quesada acaba de regalar una de esas frases.

En entrevista con El País, el expresidente panista fue cuestionado sobre una pregunta fundamental: ¿por qué ganó Andrés Manuel López Obrador?

Y Fox respondió:

“Lo que hicimos mal fue olvidarnos en la realidad de los pobres, de los que menos tienen, de los que no tienen oportunidad.”

Después añadió algo todavía más revelador:

“No hicimos suficiente, ni los empresarios, ni los gobiernos.”

Y ahí está.

La confesión.

La admisión de quien formó parte de aquellos gobiernos que, según sus propias palabras, se olvidaron de los pobres.

No lo dijo López Obrador.

No lo dijo Morena.

No lo dijo Claudia Sheinbaum.

Lo dijo Vicente Fox.

Y en esa frase está condensada buena parte de la historia política de las últimas décadas.


“NOS OLVIDAMOS DE LOS POBRES”

¿Qué significa realmente esa frase?

Significa reconocer que millones de mexicanos quedaron fuera de las prioridades del poder.

Que había mexicanos sin oportunidades.

Que había familias trabajando de sol a sol sin poder salir adelante.

Que había adultos mayores llegando a la vejez sin una pensión digna.

Que había jóvenes abandonando sus estudios por falta de recursos.

Que había comunidades enteras condenadas a la pobreza.

Y que quienes gobernaban lo sabían.

Pero no hicieron suficiente.

Eso es lo que Fox está admitiendo.

Y la pregunta inevitable es:

¿Por qué tuvieron que llegar López Obrador y la Cuarta Transformación para que el pobre dejara de ser invisible?

Porque esa fue precisamente una de las grandes rupturas políticas que produjo el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en 2018.

El pueblo dejó de ser solamente un discurso de campaña.

Pasó a ocupar el centro de las decisiones públicas.


AMLO ENTENDIÓ LO QUE FOX CONFIESA QUE ELLOS NO ENTENDIERON

López Obrador convirtió una idea que durante décadas había sido despreciada por las élites en principio de gobierno:

“Por el bien de todos, primero los pobres.”

Y esa frase no fue solamente un eslogan.

Se convirtió en una orientación de política pública.

Pensiones.

Becas.

Apoyos para personas con discapacidad.

Jóvenes Construyendo el Futuro.

Sembrando Vida.

Programas para el campo.

Incrementos históricos al salario mínimo.

Infraestructura.

Universidades.

Obras públicas.

Y una política económica que buscó que el crecimiento no se quedara únicamente arriba.

Hoy, bajo el Segundo Piso de la Transformación, el Gobierno de México reporta que 42 millones 860 mil 296 personas recibirán apoyos de los Programas para el Bienestar en 2026, con una inversión superior al billón de pesos.

Pero lo verdaderamente importante no es solamente la cantidad.

Es el cambio de paradigma.

El pueblo dejó de ser visto como una carga.

Pasó a ser visto como sujeto de derechos.


Y AQUÍ APARECE LA GRAN CONTRADICCIÓN DE FOX

Porque el mismo hombre que reconoce:

“Nos olvidamos de los pobres”

es el mismo que ahora dice que los programas sociales son “terriblemente desviados”, que han llegado a ser “una burla” y que destruyen la iniciativa personal.

Es decir:

Primero reconoce que se olvidaron de los pobres.

Después critica que un gobierno los atienda.

Primero admite que millones de mexicanos no tuvieron oportunidades.

Después cuestiona que el Estado les otorgue herramientas para enfrentar esas desigualdades.

Primero reconoce que los gobiernos y empresarios no hicieron suficiente.

Después pretende presentar el apoyo social como una especie de vicio que vuelve a la gente mediocre.

¿Entonces qué quería la derecha?

¿Que el pueblo siguiera olvidado?

¿Que los adultos mayores siguieran esperando?

¿Que los jóvenes abandonaran sus estudios?

¿Que las personas con discapacidad siguieran enfrentando solas sus necesidades?

¿Que el trabajador siguiera cobrando salarios de miseria?

¿Que el Estado simplemente les dijera: “échale ganas”?


FOX TAMBIÉN CONFESÓ ALGO SOBRE EL SALARIO MÍNIMO

Pero la entrevista contiene otra admisión extraordinariamente reveladora.

Fox reconoció que durante su gobierno pudo haber impulsado un aumento más rápido al salario mínimo.

¿Y qué ocurrió?

Según su propio relato, discutía el tema con empresarios y la respuesta era “rotundamente en contra”.

Y entonces Fox lo admite:

“Yo me tragué el anzuelo.”

No hace falta agregar demasiado.

Él mismo está describiendo las presiones y límites que enfrentó cuando se trataba de mejorar los ingresos de los trabajadores.

Y mientras eso ocurría, millones de mexicanos sobrevivían con salarios insuficientes.

Hoy la historia es distinta.

La política salarial iniciada en 2018 llevó el salario mínimo general de 88.36 pesos diarios al cierre de 2018 a 315.04 pesos diarios en 2026, de acuerdo con la CONASAMI. El Gobierno reporta una recuperación de 154% del poder adquisitivo y un beneficio para 8.5 millones de trabajadores en 2026.

No es un detalle menor.

Es una transformación de la política laboral.


EL MÉXICO QUE FOX NO QUISO O NO PUDO VER

Hay algo profundamente revelador en todo esto.

Fox habla de López Obrador con desprecio.

Lo llama “pinche Lopitos”.

Dice que “destruyó el país”.

Pero, al mismo tiempo, se ve obligado a reconocer que una de las medidas que él mismo pudo haber tomado y no tomó fue precisamente subir el salario mínimo más rápidamente.

Y reconoce que López Obrador sí lo hizo.

La contradicción es brutal.

Porque mientras Fox intenta descalificar a la Cuarta Transformación, termina reconociendo indirectamente que hubo políticas que durante su gobierno pudieron hacerse de otra manera.

Y eso nos lleva a una pregunta:

¿Qué fue lo que realmente cambió con AMLO?

Cambió la prioridad.

Cambió la mirada.

Cambió la relación entre gobierno y pueblo.


DE “NOS OLVIDAMOS DE LOS POBRES” A “PRIMERO LOS POBRES”

Ahí está la diferencia histórica.

La frase de Fox:

“Nos olvidamos de los pobres.”

Y la respuesta política de López Obrador:

“Por el bien de todos, primero los pobres.”

Dos frases.

Dos épocas.

Dos concepciones de país.

Una reconoce el abandono.

La otra construye una política para combatirlo.

Y esa diferencia explica buena parte de lo que México ha vivido desde 2018.


EL PUEBLO YA NO ES INVISIBLE

Durante décadas, millones de mexicanos fueron acostumbrados a escuchar que había que esperar.

Esperar a que creciera la economía.

Esperar a que llegaran las oportunidades.

Esperar a que la riqueza “se derramara”.

Esperar a que algún día hubiera mejores salarios.

Esperar.

Siempre esperar.

Mientras tanto, las desigualdades permanecían.

La Cuarta Transformación rompió con esa lógica.

No plantea que el pueblo tenga que esperar eternamente a que los beneficios lleguen desde arriba.

Busca que el Estado intervenga directamente para garantizar derechos y distribuir recursos hacia quienes históricamente fueron relegados.

En 2026, por ejemplo, las Pensiones para el Bienestar alcanzan a más de 18.8 millones de personas, incluyendo 13.6 millones de adultos mayores y 1.8 millones de personas con discapacidad.

Y no se trata únicamente de transferencias.

También están las becas, los programas para jóvenes, el apoyo al campo, la infraestructura educativa y las políticas de recuperación salarial.

La propia Presidencia ha descrito esta orientación como un modelo que coloca el bienestar de las mayorías en el centro de las decisiones públicas.


EL CLASISMO QUE FOX NO PUEDE OCULTAR

Y aquí aparece la parte más dolorosa de sus declaraciones.

Porque Fox reconoce que se olvidaron de los pobres.

Pero cuando el pueblo deja de estar olvidado, entonces se molesta.

Cuando reciben pensiones, dice que es dependencia.

Cuando reciben becas, habla de comodidad.

Cuando reciben apoyos, habla de “mediocridad”.

Cuando el salario mínimo aumenta, la derecha habla de riesgos económicos.

Cuando el pueblo recibe una parte mayor de los recursos públicos, algunos hablan de populismo.

Entonces uno tiene que preguntarse: ¿qué querían?

¿Pobres olvidados o pobres atendidos?

¿Trabajadores mal pagados o trabajadores con mejores salarios?

¿Jóvenes abandonados o jóvenes con becas?

¿Adultos mayores sin respaldo o adultos mayores con una pensión?

La respuesta parece bastante clara.


LA CONFESIÓN QUE LOS RETRATA DE CUERPO ENTERO

Por eso la frase de Vicente Fox debería repetirse una y otra vez:

“Nos olvidamos en la realidad de los pobres.”

Porque esa frase no necesita que nadie la interprete.

Los retrata.

Retrata a una clase política que reconoce que dejó atrás a quienes menos tenían.

Retrata un modelo que durante años priorizó otras agendas.

Retrata a una élite que hoy se sorprende porque los pobres tienen voz política.

Y retrata también la enorme diferencia entre un gobierno que mira al pueblo desde arriba y un proyecto político que decidió colocar al pueblo en el centro.

Fox quiso explicar por qué ganó López Obrador.

Y terminó explicándolo mejor de lo que probablemente pretendía.

AMLO ganó porque millones de mexicanos estaban cansados de ser ignorados.

Ganó porque había un pueblo que quería ser escuchado.

Ganó porque había mexicanos que llevaban décadas esperando oportunidades.

Ganó porque la política tradicional había perdido el vínculo con la mayoría.

Y, sobre todo, ganó porque una enorme parte del país entendió que el Estado no tenía por qué seguir gobernando exclusivamente para quienes ya tenían poder.


HOY MÉXICO ES OTRO

Se puede discutir cada programa.

Se pueden cuestionar políticas específicas.

Se puede debatir sobre el gasto público.

Eso forma parte de cualquier democracia.

Pero hay algo que resulta imposible negar: la pobreza dejó de ser invisible en la agenda nacional.

Los programas de bienestar tienen hoy una escala nacional y, según el Gobierno de México, en 2026 alcanzarán directamente a más de 42.8 millones de personas.

El salario mínimo ha recuperado poder adquisitivo.

Millones de adultos mayores tienen una pensión.

Millones de estudiantes reciben becas.

Personas con discapacidad reciben apoyos.

Jóvenes tienen programas de capacitación.

El campo recibe recursos.

Y una política social que antes podía ser vista como asistencia se ha convertido, en distintos casos, en derechos establecidos por ley y por la Constitución.

Ese es el cambio.


FOX HABLA DEL PASADO. MÉXICO HABLA DEL FUTURO

Vicente Fox puede seguir defendiendo su visión.

Puede seguir atacando a López Obrador.

Puede seguir criticando a Claudia Sheinbaum.

Puede seguir soñando con el regreso de la derecha.

Tiene derecho a hacerlo.

Pero hay algo que ya no puede borrar:

Él mismo reconoció que se olvidaron de los pobres.

Y esa confesión tiene un peso histórico enorme.

Porque mientras Fox mira hacia atrás y reconoce el abandono, México está viviendo un proceso político que puso precisamente a esos sectores en el centro de la discusión nacional.

La Cuarta Transformación no dice que los pobres deban agradecerle al gobierno.

Dice algo mucho más importante:

Que tienen derechos.

Que tienen dignidad.

Que merecen oportunidades.

Que merecen un salario digno.

Que merecen una pensión.

Que sus hijos merecen estudiar.

Que una persona con discapacidad no debe quedar abandonada.

Que el Estado tiene una responsabilidad con quienes durante décadas fueron ignorados.

Y quizá esa sea la diferencia más profunda entre ambos proyectos.

La derecha de Fox admite: “nos olvidamos de los pobres”.

La Cuarta Transformación responde: “por el bien de todos, primero los pobres”.

Y entre esas dos frases está buena parte de la historia del México que dejamos atrás y del México que hoy se está construyendo.

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