Cuauhtémoc Cárdenas: un legado de justicia y democracia

Nacional29/10/2026 Mtro. Armando Ochoa Serrano

Tras años de intenso activismo social, a principios de los ochenta decidí hacer una pausa, ponerme en paz y concentrarme en proyectos personales. Sin embargo, en 1987 algo llamó mi atención: surgió una rebelión desde el mismísimo corazón del poderoso partido de Estado. Así nació la Corriente Democrática del PRI, exigiendo que las candidaturas se definieran mediante el voto libre. En ese contexto de quiebre emergió la figura transhistórica de Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del General Lázaro Cárdenas —aquel presidente que rescató los ideales y las causas de la Revolución Mexicana para ponerlos al servicio del pueblo—.

En ese instante histórico, la democracia y la justicia social se abrazaron bajo un nuevo liderazgo que sacudió las estructuras de poder y rompió con el proyecto neoliberal que encarnaba Carlos Salinas de Gortari. Aquel cisma abrió el camino hacia la democratización del país, convirtiéndose en el cauce para que el gobierno nacional escuchara los reclamos de la gente.

Esa sacudida volvió a encender mi interés. Acudí a las movilizaciones de la campaña presidencial de 1988 y, más tarde, a la resistencia contra un fraude indignante y descarado. Aquel 6 de julio no solo «se cayó el sistema» electoral: se desplomó un régimen político entero. El anhelo democrático que había nacido en las lucha estudiantil de 1968 por fin encontraba donde fluir a través de la insurgencia electoral de 1988.

Tras el fraude, el ingeniero Cárdenas, junto a figuras fundamentales como Ifigenia Martínez y Porfirio Muñoz Ledo, convocó al priismo nacionalista y a las diversas corrientes de la izquierda para fundar una nueva esperanza: el Partido de la Revolución Democrática, nacido el 5 de mayo de 1989.

Recuerdo aquel día en el Teatro Ópera de la Ciudad de México, donde asistí como delegado fundador. A mi lado estaba mi padre, quien había tenido el honor de tratar en persona al ingeniero Cárdenas. A nuestro alrededor se sentía el pulso de la historia: ahí estaban el escritor Enrique González Rojo, el cineasta Alfonso Arau —director de Como agua para chocolate— y José Woldenberg, quien años más tarde encabezaría ejemplarmente al Instituto Federal Electoral.

Años después, formando parte del equipo de prensa de Adolfo Aguilar Zínser, acompañé nuevamente al ingeniero en la difícil campaña presidencial de 1994.

El cardenismo fue el gran motor que impulsó el respeto al voto y la alternancia en el poder. Cárdenas se convirtió en 1997 en el primer Jefe de Gobierno de la Ciudad de México electo democráticamente, y desde entonces, el corazón político del país ha sido gobernado por la izquierda. Sin duda, el cardenismo es la raíz de lo que hoy conocemos como la Cuarta Transformación, y sus principales liderazgos —AMLO y Claudia Sheinbaum— emergieron al calor de ese gran movimiento.

Memorable era también su cercanía con la tierra. Mientras la vida se lo permitió, Doña Amalia Solórzano, viuda del General, visitaba cada año junto al ingeniero Cárdenas la Comarca Lagunera de Durango— para conmemorar el histórico reparto agrario en favor de los campesinos.

Hoy, Cuauhtémoc Cárdenas pertenece ya a las páginas doradas de la historia de México. Su liderazgo fue imprescindible para edificar la vida democrática que hoy respiramos y los derechos sociales que se han conquistado. Aunque siempre tuvo un punto de vista muy particular de como construir una alternativa al neoliberalismo imperante en los últimos años.

Destaco, por encima de todo, su conducta intachable y ejemplar, un rasgo poco común en la clase política mexicana. Pero, sobre todo, su profunda calidad humana y el cuidado entrañable por su gente: no dudó en salir de su casa para proteger a quienes enfrentaban a los soldados durante la toma de posesión de Salinas; ni olvido cuando fui testigo de cómo viajó a Michoacán para serenar los ánimos de miles de campesinos armados que, indignados por el fraude, querían hacer frente al ejército. Cárdenas evitó una tragedia, aunque al final de aquel sexenio salinista, el costo humano para el movimiento fue devastador: cerca de 500 militantes perredistas pagaron con su vida el sueño de un México mejor.

Lamentable la pérdida de un gran mexicano: Cuauhtémoc Cárdenas.

Los Cárdenas, Lázaro y Cuauhtémoc, en momentos decisivos de nuestra historia, trazaron caminos de libertad, prosperidad y justicia. Su ejemplo seguirá vivo en nuestros corazones.

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