
México con el sistema electoral de los más caros del mundo
Jesús Francisco Sánchez
En México nos han repetido durante años que nuestro sistema electoral es “ejemplo mundial”. Autónomo. Ciudadano. Intocable. Pero hay una pregunta que cada vez resuena con más fuerza en la opinión pública: ¿cuánto nos cuesta sostenerlo?
La respuesta no es menor. En 2024, el sistema electoral mexicano recibió más de 36 mil millones de pesos. Una cifra que coloca a México entre los países con elecciones más costosas del planeta.
Y frente a ese dato, la discusión ya no puede seguir evadiéndose.
Los números completos: no sólo la elección, todo el aparato
El debate se encendió tras el artículo “¡Y dale con lo mismo!” publicado por Lorenzo Córdova Vianello en El Universal, donde afirmó que el costo de las elecciones federales de 2024 a cargo del INE fue de 8 mil 803 millones de pesos.
Sin embargo, la réplica llegó con cifras más amplias.
Pablo Gómez Álvarez, presidente de la Comisión para la Reforma Electoral, precisó que:
· El presupuesto total del INE en 2024 fue de
22,322,879,716 pesos.
· El presupuesto del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ascendió a
3,622,833,452 pesos.
· El costo de las elecciones federales de 2024 sumó
25,945,713,168 pesos.
· Si se agrega el financiamiento público a partidos políticos —10 mil 444 millones de pesos—, el gasto total del sistema electoral alcanzó
36 mil 389 millones de pesos.
Es decir: no se trata sólo del costo operativo de organizar la jornada electoral. Se trata del mantenimiento completo del aparato institucional y del financiamiento permanente a los partidos.
¿Cuánto es 36 mil millones de pesos?
Para dimensionarlo:
· Es más que el presupuesto anual de varios estados de la República.
· Equivale a miles de hospitales comunitarios.
· Representa recursos que podrían destinarse a infraestructura, salud o educación.
La discusión ya no es técnica. Es política.
Porque la pregunta de fondo no es si México debe tener elecciones confiables. Eso nadie lo discute. La cuestión es si el modelo actual es financieramente sostenible o si se convirtió en una estructura sobredimensionada.
La reforma electoral: ¿recorte o debilitamiento?
Los críticos advierten que reducir costos podría poner en riesgo la autonomía del sistema.
Los impulsores de la reforma sostienen que la democracia no debe ser sinónimo de gasto excesivo.
El planteamiento central es claro:
sin reforma electoral, no habrá reducción estructural del costo.
Y aquí está el punto medular del debate: ¿es posible mantener certeza electoral con menos dinero? ¿O el modelo mexicano fue diseñado deliberadamente como un sistema caro para blindarlo políticamente?
La batalla del relato
El intercambio entre Lorenzo Córdova y Pablo Gómez no es sólo un cruce de cifras. Es una disputa por la narrativa.
Un sector defiende que el costo está justificado por la complejidad del proceso.
Otro sostiene que el presupuesto revela una burocracia electoral que creció sin límites.
Lo cierto es que los números son públicos. Y los 36 mil millones de pesos no son una interpretación: son presupuesto aprobado y ejercido.
Democracia sí… pero ¿a qué precio?
México ha invertido en construir instituciones electorales sólidas después de décadas de desconfianza. Eso es innegable. Pero también es legítimo preguntarse si el modelo puede modernizarse, simplificarse y costar menos.
Porque una democracia fuerte no sólo debe ser confiable.
También debe ser eficiente.
Y cuando el costo supera los 36 mil millones de pesos en un solo año, la discusión ya no es ideológica. Es inevitable.
El debate está abierto.
La reforma electoral no es un capricho.
Es una discusión sobre el tamaño y el costo del Estado democrático mexicano.






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