
Falso; AMLO, ni enfermo ni hospitalizado
Espacio Libre MéxicoEn el ecosistema mediático mexicano hay una vieja costumbre que se resiste a desaparecer: el periodismo del rumor. Ese que no verifica, que no contrasta fuentes y que prefiere lanzar una versión al aire con tal de generar escándalo. Este fin de semana, ese vicio volvió a quedar en evidencia cuando varios comunicadores difundieron la falsa noticia de que el expresidente Andrés Manuel López Obrador había sido internado en el Hospital Militar.
La respuesta no tardó en llegar. Y fue directa.
Durante su conferencia matutina posterior a la inauguración del Hospital Oncológico para la Mujer en la alcaldía Gustavo A. Madero, la presidenta Claudia Sheinbaum lanzó una crítica frontal contra quienes propagaron la versión sin ningún sustento. En particular, señaló con nombre y apellido al comunicador Jorge Fernández Menéndez, a quien responsabilizó de iniciar la cadena de desinformación.
“Primero, la irresponsabilidad de algunos comunicadores —y lo digo con todas sus letras—: Jorge Fernández Menéndez. Él fue quien estuvo difundiendo que el presidente López Obrador había entrado al Hospital Militar. ¿Qué fuente tenía? Ninguna, porque era falso”, reprochó la mandataria.
La presidenta no ocultó su indignación ante lo que consideró un ejemplo claro de periodismo irresponsable. En su mensaje cuestionó cómo alguien que se presenta como periodista puede difundir información delicada sobre la salud de un exmandatario sin verificar datos ni contar con una fuente confiable.
“¿Cómo es posible que alguien que se dice periodista, alguien que se dice comprometido con la verdad, pueda difundir una noticia de este tipo?”, lanzó.
La fábrica del rumor
El episodio, más que un simple error informativo, refleja un fenómeno que se ha vuelto recurrente en ciertos sectores mediáticos: la difusión de noticias sin sustento con fines políticos o de impacto mediático.
Para Sheinbaum, el problema va más allá de un ataque personal o político. Lo que está en juego —dijo— es la reputación del país y la estabilidad de la conversación pública.
La presidenta recordó que no es la primera vez que ocurre algo similar. Mencionó el caso reciente de imágenes falsas difundidas tras el abatimiento del líder del CJNG, cuando algunos comunicadores replicaron fotografías de un avión incendiado sin verificar su origen.
“Hubo periodistas, también con nombre y apellido, que difundieron las imágenes de un avión quemándose… cuando no tenían ninguna fuente. ¿Qué objetivo tienen? Pues dañar al país, porque no es dañar a la presidenta, es dañar al país”, afirmó.
El viejo modelo mediático
En el trasfondo de esta polémica también aparece un debate más profundo: el del papel de ciertos comunicadores que durante años operaron bajo un modelo mediático basado en filtraciones, rumores y agendas políticas.
La llamada “prensa chayotera”, como la denomina buena parte de la opinión pública crítica, ha perdido influencia desde que el gobierno federal rompió con el viejo esquema de financiamiento millonario en publicidad oficial que durante décadas sostuvo a numerosos medios y columnistas.
Sin esos incentivos, algunos sectores del viejo aparato mediático han optado por una estrategia distinta: apostar por la polémica permanente, incluso si eso implica sacrificar el rigor informativo.
La responsabilidad de informar
El episodio deja una lección clara en tiempos de hiperconectividad: la velocidad de la información nunca puede sustituir a la verificación.
Cuando un periodista difunde una noticia falsa sobre la salud de un ex presidente, el daño no es menor. No sólo genera alarma innecesaria, también erosiona la credibilidad del oficio.
Por eso, el señalamiento de Sheinbaum no fue únicamente un reclamo político. Fue, en esencia, un recordatorio de algo elemental que parece olvidarse con demasiada frecuencia: en el periodismo, la responsabilidad con la verdad no es opcional.
Y cuando esa responsabilidad se abandona, el rumor deja de ser una anécdota y se convierte en propaganda disfrazada de noticia.






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