
En un momento clave para el futuro del movimiento, el Congreso Nacional de Morena aprobó por unanimidad el nombramiento de Ariadna Montiel como nueva presidenta del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), consolidando así un relevo que ocurre en medio de presiones externas y la mirada puesta en el proceso electoral de 2027.
La decisión, tomada este domingo en el World Trade Center de la capital del país, marca el inicio de una nueva etapa tras la salida de Luisa Alcalde, quien se incorporará al gobierno federal como titular de la Consejería Jurídica del Ejecutivo.
Unidad frente a la tormenta
Desde el arranque de los trabajos, Alfonso Durazo, presidente del Consejo Nacional de Morena y gobernador de Sonora, delineó el tono político de la jornada: cerrar filas, evitar fracturas y no ceder ante lo que calificó como presiones externas e intentos de división.
Con un mensaje dirigido a la militancia, Durazo subrayó que el movimiento enfrenta un punto de inflexión en el que no basta con haber ganado elecciones, sino que ahora toca demostrar capacidad para gobernar, cuidar la victoria y honrar la confianza del pueblo.
“Aspirar no es traicionar, competir no es dividir y debatir no es destruir”, sentenció, en una frase que sintetiza el llamado a contener las tensiones internas de cara a la inminente definición de candidaturas estatales bajo la figura de “coordinadores de defensa de la transformación”.
Un movimiento bajo presión
El Congreso se desarrolló con la asistencia de más de mil 800 congresistas, entre gobernadores, legisladores federales y locales.
Durazo advirtió que Morena no está exenta de las tensiones propias de cualquier fuerza política en el poder, pero insistió en que el mayor riesgo radica en caer en disputas internas que debiliten el proyecto.
“No luchamos tantos años para abrirle de nuevo la puerta a quienes hicieron del gobierno un negocio”, afirmó, en un mensaje directo a quienes, desde dentro o fuera, apuestan por la fragmentación del partido.
2027: más que una elección
Más allá del relevo en la dirigencia, el trasfondo del encuentro fue el arranque del proceso político rumbo a 2027, considerado por Morena como determinante para la consolidación del llamado “segundo piso” de la Cuarta Transformación.
Durazo fue claro: el mapa electoral que surja de esos comicios no solo definirá posiciones de poder, sino las condiciones de gobernabilidad para la segunda mitad del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
En ese sentido, pidió a las y los aspirantes subordinar sus intereses personales al proyecto colectivo, bajo principios de institucionalidad, disciplina y trabajo en equipo.
Entre la cohesión interna y los desafíos globales
El dirigente morenista también alertó sobre un entorno internacional “profundamente desafiante”, en el que —dijo— resurgen intentos de intervención externa y se intensifican campañas de desprestigio contra el movimiento.
Frente a ello, sostuvo que la respuesta debe ser la cohesión política y el fortalecimiento interno.
“No nos metamos en la política pequeña, aquella que nos divide y nos desgasta”, exhortó.
Con la llegada de Ariadna Montiel a la presidencia nacional, Morena apuesta por una figura con experiencia en la política social y cercanía con las bases del movimiento, en un momento donde la operación territorial y la unidad interna serán claves.
El mensaje final del Congreso fue contundente: en Morena “no caben adversarios internos”, y cualquier intento de fractura será enfrentado con organización y disciplina.
Porque, como lo dejó entrever la dirigencia, el verdadero desafío no está solo en ganar elecciones, sino en sostener el proyecto sin perder el rumbo ni la cohesión.
El reloj hacia 2027 ya comenzó a correr.


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