
Con un mensaje directo, sin matices y enfocado en la ética pública, Ariadna Montiel asumió la presidencia nacional de Morena marcando una postura firme: la corrupción no será tolerada dentro del movimiento ni en los gobiernos emanados de sus filas.
Desde el World Trade Center, ante gobernadores, legisladores y cientos de consejeros reunidos en el VIII Congreso Nacional Extraordinario, la nueva dirigente lanzó un llamado interno que resonó como advertencia y definición política.
“Es momento de hacer examen de conciencia”, expresó. Y fue más allá: quien detecte prácticas de corrupción dentro de su gobierno, debe actuar y separar a los responsables.
La honestidad como línea inquebrantable
Montiel dejó claro que el principal activo de Morena no es solo su fuerza electoral, sino su legitimidad moral frente al pueblo. Por ello, subrayó que la honestidad no es negociable.
“En Morena, los corruptos no tienen cabida”, afirmó, al tiempo que sostuvo que corresponde al partido garantizar que sus representantes sean mujeres y hombres íntegros.
En ese sentido, envió un mensaje directo a quienes aspiran a competir por las gubernaturas en 2027: no basta la popularidad ni el posicionamiento en encuestas, sino una trayectoria limpia y el reconocimiento genuino de la ciudadanía.
Incluso advirtió que, en caso de existir pruebas de actos indebidos, ningún aspirante será postulado, aunque haya resultado ganador en los procesos internos.
“La honestidad es un mandato ético que no admite excepciones”, sentenció.
Corrupción, justicia y contexto político
Al referirse al caso del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, Montiel sostuvo que Morena estará siempre del lado de la justicia y la transparencia, pero también criticó lo que consideró acusaciones con fines políticos.
En ese contexto, acusó a la oposición de impulsar narrativas que buscan abrir la puerta a la injerencia extranjera en asuntos internos del país.
“Se muestran como lo que son: entreguistas, apátridas y contrarios al interés nacional”, afirmó, elevando el tono del discurso frente a lo que describió como una estrategia de desgaste contra el movimiento.
Unidad frente a la ofensiva
La nueva presidenta nacional de Morena también alertó sobre una “ofensiva permanente” contra la Cuarta Transformación, tanto desde el exterior como desde sectores internos que —dijo— buscan sembrar dudas, desinformación y miedo.
Ante ello, convocó no solo a la militancia, sino a la ciudadanía en general, a mantenerse firmes y cohesionados en torno al proyecto político.
“Ni los medios, ni sus comentócratas, ni gobiernos extranjeros podrán romper la unidad que tenemos con el pueblo”, aseguró.
Morena rumbo a una nueva etapa
El discurso de Ariadna Montiel no solo delineó una postura ética, sino también una ruta política: fortalecer la cohesión interna, blindar al movimiento frente a presiones externas y depurar cualquier práctica que contradiga sus principios fundacionales.
En un momento donde Morena se prepara para los desafíos electorales de 2027, la dirigencia nacional apuesta por un mensaje claro: la permanencia del proyecto dependerá no solo de su fuerza política, sino de su congruencia.
Porque, como dejó claro Montiel, lo que está en juego no es únicamente el poder, sino la credibilidad de todo un movimiento.


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