
Ejército digital de la derecha, fábrica de mentiras para ganar elecciones en América Latina
Jesús Francisco SánchezBots, cuentas compradas, noticias falsas, campañas de odio e inteligencia artificial: la nueva batalla electoral ya no se libra solamente en las urnas. También se libra en las pantallas. Y América Latina debe abrir los ojos.
La detención en Bolivia del consultor argentino Fernando Cerimedo, socio y cofundador de La Derecha Diario, ha vuelto a colocar bajo los reflectores una maquinaria política que durante años ha operado en las sombras: la utilización de redes digitales para fabricar tendencias, amplificar desinformación y crear la ilusión de que una determinada narrativa cuenta con un respaldo popular masivo.
Cerimedo se encuentra actualmente en prisión preventiva en Bolivia dentro de una investigación por presunta tentativa de feminicidio contra su expareja, Nadia Beller -quien embarazada sobrevivió a un ataque a balazos-, y también enfrenta una investigación por presunto enriquecimiento ilícito. Durante allanamientos realizados en propiedades vinculadas con él, la Fiscalía boliviana informó del hallazgo de dinero, documentos y una “granja de bots”, cuyo funcionamiento está siendo investigado.
El caso adquiere una dimensión mucho mayor por los antecedentes documentados sobre las actividades digitales del consultor.
EL MÉTODO: HACER PARECER MASIVO LO QUE NO LO ES
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, explicó durante su conferencia matutina cómo funciona este tipo de operación.
La fórmula, señaló, puede comenzar con una publicación falsa, una acusación o un contenido ofensivo. Después entra en acción una red de cuentas que reproduce, comenta y amplifica el mensaje hasta convertirlo artificialmente en tendencia.
El objetivo es sencillo: que una persona común entre a una red social y crea que miles de ciudadanos están hablando espontáneamente de un tema cuando, detrás de la pantalla, puede existir una operación coordinada y financiada.
Sheinbaum explicó que una tendencia que aparenta tener decenas o cientos de miles de participantes puede, en realidad, ser impulsada por un número mucho menor de operadores mediante cuentas automatizadas y herramientas de inteligencia artificial.
Y aquí aparece uno de los mayores peligros para las democracias contemporáneas: la mentira deja de necesitar convencer a cada persona. Basta con hacerle creer que todos los demás ya están convencidos.
NO ES UNA TEORÍA: HAY INVESTIGACIONES SOBRE ESTAS REDES
El caso Cerimedo no apareció de la nada. En 2023, una investigación internacional denominada “Mercenarios Digitales”, coordinada por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP) y realizada por medios y organizaciones de numerosos países, documentó prácticas como compra de datos, creación de perfiles falsos, fábricas de trolls y bots y construcción de páginas que aparentaban ser medios informativos pero respondían a intereses políticos.
La investigación siguió el rastro de consultores que trabajaban para distintos sectores de la derecha latinoamericana y mostró cómo las estrategias digitales podían cruzar fronteras con extraordinaria facilidad. Una campaña política podía contratarse en un país y ejecutarse digitalmente desde otro. Y ahí está la verdadera dimensión del problema.
BRASIL: CUANDO LA DESINFORMACIÓN ATACÓ AL SISTEMA ELECTORAL
Uno de los episodios más graves ocurrió en Brasil durante las elecciones presidenciales de 2022. Cerimedo difundió información falsa sobre las urnas electrónicas brasileñas y cuestionó la legitimidad del resultado que dio la victoria a Luiz Inácio Lula da Silva.
Su transmisión alcanzó a cientos de miles de personas y posteriormente sus argumentos fueron utilizados para alimentar la narrativa del supuesto fraude electoral. Investigaciones periodísticas y documentos de la Policía brasileña ubicaron su actuación dentro de una estructura de propaganda digital que buscaba crear un ambiente artificial de respaldo a la permanencia de Jair Bolsonaro en el poder.
El Tribunal Superior Electoral brasileño llegó a ordenar la suspensión de cuentas vinculadas con Cerimedo y La Derecha Diario por difusión de desinformación.
Lo ocurrido posteriormente es conocido: después de la derrota de Bolsonaro se produjeron bloqueos de carreteras, campamentos frente a instalaciones militares y, finalmente, los ataques del 8 de enero de 2023 contra las sedes de los poderes públicos en Brasilia.
No significa que una publicación de Cerimedo haya provocado por sí sola esos acontecimientos.
Significa algo más preocupante: una mentira repetida millones de veces puede convertirse en combustible político.
CHILE: LA BATALLA TAMBIÉN SE LIBRÓ CON ENCUESTAS Y REDES
Chile ofrece otro ejemplo. Investigaciones del proyecto Mercenarios Digitales documentaron la participación de empresas relacionadas con Cerimedo en estrategias de comunicación política durante los procesos constitucionales.
Una encuesta realizada por una empresa vinculada al consultor presentó resultados que posteriormente quedaron muy alejados del comportamiento electoral real. El propio Cerimedo reconoció que se había producido un error de muestra.
Durante el proceso constitucional también aparecieron campañas de desinformación y rumores contra el entonces presidente Gabriel Boric.
Uno de ellos afirmaba falsamente que el mandatario había sufrido un “colapso nervioso”. Un análisis citado por la investigación encontró que el hashtag utilizado para difundir ese rumor comenzó a circular incluso antes de que la noticia falsa fuera publicada en el portal que la difundió.
Eso revela otra característica de estas operaciones: la tendencia puede ser fabricada antes de que exista la noticia que supuestamente la provoca.
EL OBJETIVO NO SIEMPRE ES GANAR VOTOS
Este punto es fundamental. Una maquinaria de desinformación no necesita necesariamente convencer a todos de votar por un candidato. Puede conseguir algo más sencillo: destruir la credibilidad del adversario.
Se pueden fabricar escándalos, exagerar errores, convertir una declaración en crisis nacional, instalar acusaciones sin pruebas, atacar periodistas, desacreditar instituciones, sembrar dudas sobre las elecciones o convertir una mentira en el tema dominante de la conversación pública.
La estrategia consiste en saturar el espacio informativo. Cuando el ciudadano recibe cien publicaciones sobre el mismo supuesto escándalo, comienza a pensar: “Si todo el mundo está hablando de esto, algo debe ser cierto”. Pero quizá no sean cien personas. Quizá sean cien cuentas operadas por una misma estructura.
Y ahora, con inteligencia artificial, producir miles de publicaciones, imágenes, videos y comentarios resulta mucho más barato y rápido.
LA NUEVA DERECHA ENTENDIÓ ALGO QUE MUCHOS POLÍTICOS TODAVÍA NO
La política cambió. La televisión sigue siendo importante. La radio también. Los periódicos continúan teniendo influencia. Pero las redes sociales introdujeron una nueva arma: la capacidad de fabricar percepción a una velocidad superior a la capacidad de las instituciones para desmentirla.
Una mentira puede convertirse en tendencia en minutos. Una aclaración puede tardar horas. Una investigación periodística puede tardar días. Y para entonces, la mentira ya fue vista, compartida, comentada y convertida en “verdad” por miles de usuarios. Por eso Sheinbaum ha insistido en que la respuesta no debe censurar contenidos. Hay que enseñar a la población cómo funciona la manipulación digital.
AMÉRICA LATINA TIENE QUE DESPERTAR
Lo que está ocurriendo alrededor de Cerimedo debería ser una llamada de atención para todos los países latinoamericanos.
Argentina, Brasil, Chile, Bolivia y otros países han visto aparecer estrategias políticas digitales cada vez más sofisticadas, mientras investigaciones internacionales han documentado redes de consultores y empresas que cruzan fronteras y trabajan alrededor de campañas electorales.
Pero sería un error convertir esto en una acusación general contra toda la derecha o todos sus votantes. El problema no es que exista una derecha política.
El problema aparece cuando cualquier corriente política —de derecha, izquierda o centro— utiliza dinero, cuentas falsas, automatización y desinformación para fabricar artificialmente la opinión pública o desacreditar procesos democráticos.
La democracia necesita debate. Necesita oposición. Necesita crítica. Pero necesita, sobre todo, ciudadanos capaces de distinguir entre una opinión, una noticia y una operación de manipulación.
EL PELIGRO PARA 2027 Y PARA LAS ELECCIONES QUE VIENEN
México no está al margen. La propia presidenta reconoció que grupos vinculados con este tipo de estrategias operan o intentan operar en México y advirtió que las plataformas digitales pueden ser utilizadas para fabricar tendencias y difundir información falsa.
Y el desafío crecerá con la inteligencia artificial. Videos falsos. Audios falsos. Fotografías manipuladas. Perfiles inexistentes. “Testimonios” fabricados. Encuestas manipuladas. Miles de cuentas repitiendo exactamente la misma frase. Todo puede parecer real.
Y ahí estará la batalla electoral del futuro: no solamente por el voto, sino por la realidad misma.
Porque cuando una sociedad ya no sabe qué es verdadero, quien tenga más dinero, más bots y mayor capacidad tecnológica puede intentar decidir qué realidad verá la ciudadanía.
LA DEMOCRACIA NO PUEDE DEJARSE EN MANOS DE LOS BOTS
El caso Cerimedo debe investigarse a fondo y con todas las garantías legales. Si existen responsabilidades penales, deberán determinarse en los tribunales.
Pero independientemente del desenlace judicial de esas investigaciones, hay una pregunta que América Latina ya no puede seguir evitando: ¿Cuántas de las tendencias que vemos todos los días en redes sociales son realmente tendencias ciudadanas y cuántas son productos de operaciones políticas financiadas?
La respuesta exige transparencia de las plataformas, investigación periodística, alfabetización digital, mecanismos de verificación y reglas claras para el financiamiento político en internet. Porque una democracia puede sobrevivir a una elección cerrada. Puede sobrevivir a una derrota. Puede sobrevivir a una oposición feroz.
Lo que difícilmente puede sobrevivir es una ciudadanía que ya no sabe cuándo está escuchando a otros ciudadanos y cuándo está escuchando a una máquina diseñada para manipularla.
América Latina debe mirar lo que está ocurriendo. Porque las próximas elecciones no solamente se ganarán en las urnas. También se intentarán ganar en el algoritmo.


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