Si usted es opositor, no sea miserable

La acusación de Manuel Pedrero y la batalla por el reconocimiento del operativo contra “El Mencho”
Nacional23/02/2026Espacio Libre MéxicoEspacio Libre México
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La discusión pública tras el operativo que derivó en la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, ha escalado más allá del terreno de la seguridad y se ha instalado en el plano moral y político. En ese contexto, el periodista Manuel Pedrero Solís lanzó una definición contundente que encendió el debate: calificó como “miserables” a los opositores que atribuyen el resultado de la operación a Estados Unidos y al expresidente Donald Trump.

El término no fue casual ni retórico. Pedrero lo utilizó para describir lo que considera una postura que, en su visión, despoja de reconocimiento a los elementos mexicanos que participaron en el operativo y, sobre todo, a quienes arriesgaron o perdieron la vida en la acción. Para el comunicador, la crítica política es legítima; lo que cruza la línea es adjudicar el mérito de un operativo ejecutado en territorio nacional a factores externos, ignorando el costo humano interno.

La definición de “miserables”, según el planteamiento del periodista, no se dirige a la oposición como bloque político, sino a una actitud específica: la de minimizar el papel del Estado mexicano y de sus fuerzas de seguridad por razones ideológicas. En su argumento, esa postura implica una falta de respeto no al gobierno en turno, sino a los soldados y elementos de la Guardia Nacional que participaron en la operación.

El señalamiento introduce un componente ético en la discusión pública. Pedrero sostiene que la discrepancia política no debería borrar el reconocimiento a quienes actúan en el terreno. Bajo esa lógica, adjudicar el operativo a Washington o a Trump no es sólo una interpretación geopolítica, sino una forma de deslegitimar el sacrificio nacional.

La reacción también refleja el momento político que vive el país. La seguridad se ha convertido en uno de los campos más polarizados del debate público: cada operativo, cada detención o cada enfrentamiento se traduce en una disputa por la narrativa. ¿Es resultado de la estrategia del gobierno mexicano? ¿Es consecuencia de la presión internacional? ¿O de ambas?

En ese escenario, la palabra “miserables” funciona como un punto de ruptura. No es un término técnico ni diplomático; es una acusación moral que busca marcar límites en la discusión: se puede cuestionar la estrategia, se puede criticar al gobierno, pero —según Pedrero— no se debe negar la autoría ni el costo humano de las fuerzas mexicanas.

El fondo del debate, sin embargo, es más amplio. La cooperación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad ha sido una constante durante décadas, desde inteligencia compartida hasta coordinación operativa. Pero la narrativa sobre quién “gana” o “pierde” políticamente cada acción suele simplificar una realidad compleja.

La postura del periodista pone el foco en otro ángulo: el reconocimiento. Para él, la sangre derramada en operativos de alto impacto es mexicana y debe ser tratada como tal en el debate público. En esa lógica, la descalificación no es sólo política, sino ética, porque invisibiliza a quienes enfrentan directamente al crimen organizado.

Así, la palabra “miserables” no sólo describe una opinión: delimita un posicionamiento. Uno que exige, desde su perspectiva, separar la crítica política del reconocimiento a quienes operan en campo y asumir que la confrontación con el crimen organizado no se libra únicamente en discursos, sino en acciones donde el costo, muchas veces, se paga con vidas.

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