El besamanos: ¿Humillante acto de vasallaje colonial?

La gobernadora panista Tere Jiménez le besa la mano a la ultraderechista española Isabel Díaz Ayuso
Internacional11/05/2026Espacio Libre MéxicoEspacio Libre México

La escena ocurrida en Aguascalientes durante la visita de la ultraderechista española Isabel Díaz Ayuso ha desatado una fuerte polémica, luego de que la gobernadora panista María Teresa Jiménez Esquivel fuera captada besándole la mano en un gesto calificado como humillante y servil.

La imagen no tardó en viralizarse y convertirse en símbolo de una actitud de subordinación del conservadurismo mexicano hacia la derecha española. El acto no fue simplemente una cortesía protocolaria, sino una representación del viejo pensamiento colonial que históricamente colocó a las élites mexicanas de derecha en una posición de admiración y sometimiento frente a poderes extranjeros.

La controversia se intensificó debido al perfil político de Díaz Ayuso, figura del ala ultraconservadora del Partido Popular español, conocida por sus constantes declaraciones contra los gobiernos progresistas de América Latina y por mantener una narrativa que minimiza o relativiza los abusos cometidos durante la conquista española y que glorifica a genocida como Hernán Cortés. Su visita a México estuvo marcada por discursos y posturas que muchos interpretaron como una provocación política y una falta de respeto hacia la historia y soberanía del país.

Pese a ello, lejos de asumir una postura institucional de defensa de la dignidad nacional, el gobierno panista de Aguascalientes desplegó una recepción cargada de honores. El Congreso estatal —de mayoría panista— entregó a la dirigente española la Medalla especial al Mérito Cívico, mientras que el Ayuntamiento capitalino le otorgó la Medalla Aguascalientes: 450 Años y las Llaves de la Ciudad.

El problema no radica únicamente en los reconocimientos oficiales, sino en el simbolismo político detrás del episodio. Consideran que mientras amplios sectores de México reivindican la memoria histórica de los pueblos originarios y cuestionan los abusos del colonialismo, una parte de la derecha mexicana continúa mostrando admiración hacia figuras que representan precisamente esa visión imperial y conservadora.

La fotografía del beso en la mano terminó convirtiéndose en una poderosa metáfora política: una escena que, para muchos, refleja la distancia entre un discurso nacionalista y la conducta de ciertos sectores conservadores que siguen viendo en Europa —y particularmente en España— un referente político y cultural superior.

La polémica continúa creciendo en redes sociales y medios nacionales, donde usuarios han señalado que el episodio exhibe no solo una afinidad ideológica con la ultraderecha internacional, sino también una actitud de vasallaje incompatible con la investidura de una gobernadora mexicana.

 

 

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