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Nacional

El frívolo cantor que gobierna Durango

Gobernador prianista se dedica a montar shows ecuestres de lujo

EL GOBERCANTOR DE DURANGO: ESTEBAN VILLEGAS YA SE CREE ANTONIO AGUILAR Y SE COMPARA CON AMLO

Ahora sí se desató el gobernador priista de Durango, Esteban Villegas Villarreal. Ahora que puede. Ahora que tiene el presupuesto. Ahora que tiene el poder. El hombre pasó de ser cantor de fiestas y kermeses, de esos que agarraban el micrófono en la boda de la prima para cantar desafinado a montar un espectáculo ecuestre emulando a la familia Aguilar, a los shows de Joan Sebastian. Caballos pura sangre. Caballos de escuela. Caballos bailadores. Sillas de montar caras, de esas que cuestan más que un viaje a Europa.

Parafernalia de luces y sonido de primer mundo. Escenarios de lujo. Pantallas gigantes. Escenarios de artistas de primer nivel, algo que antes de ser gobernador no imaginó ni en sus sueños más fantásticos. Porque antes, con su sueldo apenas le alcanzaba para el sombrero.

Y no va solo. Se hace acompañar de otro cantorcillo de pacotilla, de esos que pasan irrelevantes donde se paren: Lauro Arce Gallegos, su compadre a quien nombró director de Ferias y Espectáculos del Gobierno del Estado. Su dueto. Su "Pepe Aguilar" de TEMU.

Ahora son el centro de atención. No por su manera de cantar, porque no cantan. Sino porque resulta grotesco el boom de lo que rodea sus eventos. Donde a leguas se aprecia un derroche de dinero imposible de acreditar con sus sueldos. Uno como gobernador y el otro como director de ferias.

¿De dónde sale para caballos bailadores, pantallas gigantes, luces, sonido, trajes de charro caros y toda la parafernalia? ¿Del sueldo? ¡Por favor! Más aún cuando el gobernador priista Esteban Villegas ha declarado públicamente que su sueldo lo regala a la beneficencia pública. ¡Ah, qué generoso! ¿Entonces con qué paga el show? ¿Con lo que le sobra de la beneficencia? ¿Con milagros? ¿Con la tanda?

Qué tan ególatra andará el gobercantor que se comparó con el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Sí, así como lo lee. Ante los cuestionamientos por su hobby, declaró que si Andrés Manuel tenía el hobby del béisbol, él tenía el de cantar, asegurando que esto no lo distrae de su responsabilidad de gobernar.

¡Qué comparación tan fuera de lugar! Como si Andrés Manuel hubiera gastado millones de pesos en parafernalia, en caballos, en pantallas gigantes para ir a batear a Macuspana. Andrés Manuel jugaba béisbol con una pelota de 90 pesos y un bat de 500 pesos.

Este gasta millones disfrazados de "cultura y de ayuda a causas nobles " para sentirse Antonio Aguilar. Ahora es cuando. Se siente Antonio Aguilar. O Joan Sebastian. Aunque para decir verdad, la parafernalia sí es idéntica. Lo diferente es que este par no canta. No como ellos creen. Cantan como cantan los que creen que cantan en el karaoke un sábado cualquiera, pero con luces de Las Vegas. Aplausos, uno que otro pero tienen. ¿Cómo no? En los municipios donde presentan su espectáculo ecuestre, obligan a los trabajadores de las alcaldías a asistir y además a vender voluntariamente a fuerza, boletos. Con el argumento de que el dinero recaudado va para obras benéficas. ¡Claro! Obras benéficas: beneficiar al ego del gobernador.

Los trabajadores tienen que comprar su propio boleto para ir a aplaudir a su patrón cantando. Si no van y no venden, ya verán. Esa es la "cultura" del PRI de Durango. Hasta dónde llega la desubicación, la egolatría, la soberbia de sentirse por primera vez en su vida importantes. Al grado de perder completamente el piso.

Esteban Villegas no es gobernador, es un paciente de egolatría en fase terminal. El poder no lo hizo mejor gobernante, lo hizo peor cantante. Durango no necesita un Antonio Aguilar de utilería, necesita un gobernador que gobierne, que arregle carreteras, hospitales, seguridad, que cumpla con su obligación, que no ande de gira como si Durango necesitara cantantes a caballo. Pero él sigue creyendo que la gente lo aplaude por su voz. No, gobernador. La gente lo aplaude porque los obligan a asistir y ya estando ahí, quieren quedar bien con el “patrón”.  Ya veremos si una vez que deje de ser gobernador llena siquiera un antro, por muchos caballos y parafernalia de lujo que traiga.

El día que se acabe la gubernatura se acabarán los aplausos, aunque le queden los caballos, las luces, los trajes, las pantallas y toda la parafernalia  se acabará el "artista". Y volverá a ser lo que siempre fue: un cantor de kermés que tuvo la suerte de llegar a gobernador y la desgracia de creerse estrella. Durango merece más que un gobercantor.

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