AMLO a Trump: por ahora no le mando un abrazo

López Obrador rompe el silencio y enfrenta el intervencionismo

Internacional03/01/2026Espacio Libre MéxicoEspacio Libre México
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Andrés Manuel López Obrador está retirado de la política formal. Pero hay momentos en los que el silencio no es opción. Y este es uno de ellos. Ante el ataque armado de Estados Unidos contra Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, el exmandatario mexicano rompió la quietud con un mensaje que no busca protagonismo, sino coherencia histórica y dignidad política.

“No puedo callar”, dijo en esencia. Y no pudo porque lo ocurrido no es un incidente diplomático ni una operación aislada: es un atentado directo contra la soberanía de un pueblo, un acto de prepotencia imperial que revive los peores capítulos del intervencionismo en América Latina.

Ni Bolívar ni Lincoln
La referencia no es casual. Al invocar a Simón Bolívar y Abraham Lincoln, López Obrador coloca el debate en el terreno que más incomoda al poder: el de los principios fundacionales. Ni el libertador de América del Sur ni el presidente que abolió la esclavitud en Estados Unidos aceptarían un mundo gobernado por la ley del más fuerte.

Porque eso es lo que está en juego: si una potencia puede secuestrar a un jefe de Estado extranjero, violar el derecho internacional y justificarlo en nombre de la “libertad”, entonces el orden mundial no es más que una farsa sostenida por misiles.

Trump y los halcones
AMLO no habla como enemigo, sino como advertencia. Le pide al presidente Trump que no escuche a los halcones, a los fabricantes de guerra, a los mismos intereses que han convertido la política exterior estadounidense en un negocio sangriento. Le recuerda una verdad que la historia repite sin descanso: las victorias militares son efímeras, las derrotas morales son permanentes.

“La política no es imposición”, escribe. Y en esa frase se condensa toda una visión del poder: gobernar no es someter, no es humillar, no es arrasar. Gobernar es persuadir, dialogar, construir acuerdos. Todo lo contrario a lo que hoy se intenta imponer a sangre y fuego.

Juárez como brújula
Cuando López Obrador cita a Benito Juárez —“el respeto al derecho ajeno es la paz”— no está apelando a la nostalgia. Está recordando una regla elemental que el mundo parece haber olvidado: sin respeto a la soberanía no hay paz posible. Lo que hay es caos, resentimiento y violencia acumulada.

México sabe de intervenciones. Las ha sufrido. Por eso su tradición diplomática no es neutralidad cobarde, sino principio activo de no intervención. Defender a Venezuela hoy no es defender a un gobierno específico: es defender el derecho de cualquier nación a decidir su destino sin amenazas militares.

Latinoamericano antes que espectador
“Soy mexicano con mucho orgullo, pero también latinoamericano”, afirma AMLO. Y ahí está una de las claves más profundas del mensaje. América Latina no es un conjunto de países aislados; es una región con una historia compartida de saqueo, golpes de Estado e invasiones disfrazadas de ayuda.

Lo que ocurre en Venezuela no se queda en Venezuela. Normalizar el secuestro de un presidente es abrir la puerta a que mañana cualquier gobierno incómodo sea tratado de la misma manera. Por eso el mensaje no es retórico: es preventivo.

Claudia Sheinbaum y la continuidad ética
El respaldo explícito a la presidenta Claudia Sheinbaum no es menor. Significa que México, más allá de los cambios de administración, mantiene una línea ética clara: paz, soberanía, diálogo y respeto al derecho internacional. Esa continuidad es la que incomoda a quienes preferirían un país sumiso, silencioso y alineado a la fuerza.

“Por ahora no le mando un abrazo”
La frase final es tan simbólica como contundente. No hay cortesía cuando hay agresión. No hay diplomacia vacía cuando se secuestra a un presidente. Hay límites. Y ponerlos también es un acto de responsabilidad histórica.

El mensaje de López Obrador no es un exabrupto ni una provocación. Es un llamado urgente a la razón, una advertencia desde la experiencia y una defensa clara de la dignidad latinoamericana.

Porque cuando el poder actúa como tiranía mundial, alzar la voz no es intervenir: es resistir. Y en tiempos como estos, resistir es una obligación moral.

 

 

 

 

 

 

 

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