
Los cínicos no sirven para el periodismo
Jesús Francisco Sánchez
Una vez más, el diario Reforma decidió colocarse del lado equivocado de la historia. No del periodismo crítico ni del derecho a la información, sino del golpismo mediático, la manipulación y la narrativa entreguista que tanto daño ha hecho a México. Así lo exhibió la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo durante su conferencia mañanera, al desnudar la intención política detrás de una portada diseñada para confundir, insinuar y sembrar sospecha.
A ocho columnas, Reforma tituló: “Salpica a México denuncia a Maduro”. Un encabezado espectacular, alarmista y calculado. Sin embargo, al revisar el contenido de la nota, la “salpicadura” se diluye: no se acusa al Estado mexicano ni a su gobierno, sino que se hace referencia a la operación de cárteles de la droga mexicanos en un periodo que va de 1999 a 2020. Es decir, una generalización tramposa que busca inducir al lector a una conclusión que el propio texto no sostiene.
La Presidenta fue clara y directa:
“¿Qué les dice esta portada? ¿Qué pretende el periódico con esto? Porque además se lee la nota y dice que a través de México pasaba droga, pero el asunto es: ¿qué se pretende con este ocho columnas?”
La pregunta no es retórica. La intención es evidente. En un contexto internacional delicado, con Estados Unidos impulsando una ofensiva política y judicial contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, Reforma opta por alinear su narrativa a los intereses de esa agenda, sugiriendo una supuesta implicación de México. No informa: insinúa. No contextualiza: contamina.
Más grave aún es lo que Reforma decidió no poner en portada. Ese mismo día ocurrieron hechos de enorme relevancia internacional: la toma de protesta de la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez; los posicionamientos de la ONU frente a la invasión estadounidense; y la postura firme del gobierno mexicano en defensa de la soberanía y el derecho internacional. Nada de eso mereció ocho columnas. Para Reforma, era más rentable —política y editorialmente— “salpicar” a México.
La maniobra no es nueva. Es la vieja fórmula del periodismo de consigna: exagerar un titular, minimizar los matices y empujar una narrativa que refuerce prejuicios y agendas externas. Un periodismo que no incomoda al poder, sino que se arrodilla ante él cuando ese poder habla inglés y viene del norte.
Para cerrar la exhibición, la Presidenta Sheinbaum recordó una frase del referente moral del periodismo, Ryszard Kapuściński, que cayó como sentencia:
“Los cínicos no sirven para este oficio.”
La cita no necesita explicación. Cuando el cinismo sustituye a la ética y la provocación reemplaza a la verdad, el periodismo deja de ser un servicio público para convertirse en un arma política. Reforma volvió a demostrar de qué lado está. Y no es del lado de México.






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