Los cínicos no sirven para el periodismo

Sheinbaum exhibe a Reforma con una frase de Kapuściński
Nacional06/01/2026Jesús Francisco SánchezJesús Francisco Sánchez
reforma web

Una vez más, el diario Reforma decidió colocarse del lado equivocado de la historia. No del periodismo crítico ni del derecho a la información, sino del golpismo mediático, la manipulación y la narrativa entreguista que tanto daño ha hecho a México. Así lo exhibió la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo durante su conferencia mañanera, al desnudar la intención política detrás de una portada diseñada para confundir, insinuar y sembrar sospecha.

A ocho columnas, Reforma tituló: “Salpica a México denuncia a Maduro”. Un encabezado espectacular, alarmista y calculado. Sin embargo, al revisar el contenido de la nota, la “salpicadura” se diluye: no se acusa al Estado mexicano ni a su gobierno, sino que se hace referencia a la operación de cárteles de la droga mexicanos en un periodo que va de 1999 a 2020. Es decir, una generalización tramposa que busca inducir al lector a una conclusión que el propio texto no sostiene.

La Presidenta fue clara y directa:
“¿Qué les dice esta portada? ¿Qué pretende el periódico con esto? Porque además se lee la nota y dice que a través de México pasaba droga, pero el asunto es: ¿qué se pretende con este ocho columnas?”

La pregunta no es retórica. La intención es evidente. En un contexto internacional delicado, con Estados Unidos impulsando una ofensiva política y judicial contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, Reforma opta por alinear su narrativa a los intereses de esa agenda, sugiriendo una supuesta implicación de México. No informa: insinúa. No contextualiza: contamina.

Más grave aún es lo que Reforma decidió no poner en portada. Ese mismo día ocurrieron hechos de enorme relevancia internacional: la toma de protesta de la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez; los posicionamientos de la ONU frente a la invasión estadounidense; y la postura firme del gobierno mexicano en defensa de la soberanía y el derecho internacional. Nada de eso mereció ocho columnas. Para Reforma, era más rentable —política y editorialmente— “salpicar” a México.

La maniobra no es nueva. Es la vieja fórmula del periodismo de consigna: exagerar un titular, minimizar los matices y empujar una narrativa que refuerce prejuicios y agendas externas. Un periodismo que no incomoda al poder, sino que se arrodilla ante él cuando ese poder habla inglés y viene del norte.

Para cerrar la exhibición, la Presidenta Sheinbaum recordó una frase del referente moral del periodismo, Ryszard Kapuściński, que cayó como sentencia:
“Los cínicos no sirven para este oficio.”

La cita no necesita explicación. Cuando el cinismo sustituye a la ética y la provocación reemplaza a la verdad, el periodismo deja de ser un servicio público para convertirse en un arma política. Reforma volvió a demostrar de qué lado está. Y no es del lado de México.

 

 

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