
Ya no son migajas
Jesús Francisco Sánchez
En un tono directo, pedagógico y con clara carga histórica, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, contrastó dos visiones de país: la del viejo régimen y la del nuevo modelo de bienestar que, aseguró, hoy coloca al pueblo en el centro de las decisiones públicas.
Durante su mensaje en La Antigüa, Veracruz, este fin de semana, Sheinbaum lanzó una pregunta que resonó entre los asistentes: “Antes no había Programas de Bienestar, ¿o sí?” La respuesta, implícita y colectiva, apuntó a una memoria compartida: apoyos que aparecían solo en tiempos electorales, condicionados al voto o a la afiliación partidista, y promesas que nunca se cumplían.
Hoy —subrayó— la realidad es distinta. La Pensión para el Adulto Mayor y otros programas sociales ya no dependen de favores políticos ni de lealtades electorales. “¿Les preguntan si se van a afiliar a algún partido político?, ¿si van a votar por alguien?”, cuestionó. El grito unánime fue contundente: no.
La presidenta fue clara: los programas sociales ya no son dádivas, son derechos del pueblo de México, respaldados por la Constitución. Una diferencia de fondo que, dijo, marca el quiebre entre el pasado y el presente.
Sheinbaum ubicó este cambio en una línea histórica precisa: 36 años de lo que denominó el modelo neoliberal, un periodo que abarcó seis sexenios —de De la Madrid a Peña Nieto— en los que, afirmó, se gobernó para unos cuantos. “Seis sexenios aguantó el pueblo de México”, enfatizó, recordando una etapa caracterizada por la privatización de empresas públicas y el debilitamiento del Estado social.
El mensaje no solo fue una crítica al pasado, sino una reafirmación del rumbo actual: un proyecto que busca dejar atrás las “migajas” y consolidar un país donde el bienestar no dependa del ciclo electoral, sino que sea una garantía permanente.
En tiempos donde la memoria histórica se disputa, el discurso presidencial apunta a una narrativa clara: del asistencialismo condicionado a los derechos constitucionales, del gobierno para pocos al gobierno del pueblo. Una definición política que, más allá del aplauso inmediato, busca quedar inscrita en la historia reciente de México.






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