
El ‘Predialazo’ y el agua
El golpe final contra las familias duranguenses
Local24/01/2026 Juan Pablo Hernández Rosales
Durango cerró el último mes de 2025 con una señal de alarma que el gobierno municipal parece ignorar deliberadamente. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del IINEGI, 21 mil 487 personas en el estado de Durango buscaron trabajo sin éxito, lo que se tradujo en una tasa de desocupación del 2.4 por ciento. Aunque esta cifra es ligeramente menor al promedio nacional de 2.7 por ciento, el dato relevante no es la comparación superficial, sino el momento económico y social en el que ocurre: el cierre del año, cuando el empleo debería fortalecerse por la dinámica comercial y de servicios.
La Población Económicamente Activa de Durango asciende a 895 mil 314 personas. Que más de 21 mil no hayan logrado incorporarse al mercado laboral en el último mes del año evidencia un enfriamiento económico local que no puede explicarse solo por factores estacionales. Por el contrario, apunta a una fragilidad estructural del mercado laboral duranguense: empleo precario, baja inversión productiva y una economía excesivamente dependiente del gasto público.
En este contexto, el incremento al impuesto predial aprobado y defendido por el gobierno municipal de la capital resulta no solo insensible, sino políticamente irresponsable. El predial es un impuesto directo que no distingue entre quien tiene estabilidad económica y quien apenas sobrevive con ingresos intermitentes o de plano carece de ellos. Pretender elevarlo en un escenario de crecimiento del desempleo equivale a cargarle el costo de la mala planeación financiera del municipio a los bolsillos más frágiles de la población.
El discurso oficial suele justificar el aumento del predial bajo el argumento de fortalecer las finanzas municipales y mejorar los servicios públicos. Sin embargo, esa narrativa se desmorona cuando se contrasta con la realidad social: ¿Cómo espera el gobierno municipal que una familia sin empleo, o con ingresos disminuidos, pueda absorber incrementos significativos en sus obligaciones fiscales? La respuesta implícita es preocupante: no le importa.
Políticamente, el mensaje es claro. Mientras los indicadores de empleo muestran un deterioro en el último tramo de 2025, el municipio opta por una estrategia recaudatoria agresiva en lugar de una política económica local que incentive la inversión, la generación de empleo y el crecimiento del ingreso. Es la ruta fácil: cobrar más, aunque la gente tenga menos.
El aumento del desempleo y el alza del predial no son fenómenos aislados; están directamente relacionados. Menos empleo significa menos capacidad de pago, mayor morosidad y, eventualmente, mayor conflictividad social. Ignorar esta relación es apostar a una recaudación de corto plazo a costa de la estabilidad económica y política del municipio.
Si el gobierno municipal realmente quisiera fortalecer sus finanzas, debería comenzar por fortalecer la economía local: atraer inversión, apoyar a pequeñas y medianas empresas y coordinarse con otros niveles de gobierno para generar empleo. Incrementar el predial en un contexto de desempleo creciente no es una política pública: es una transferencia del costo de la crisis a los ciudadanos.
En síntesis, el cierre de 2025 dejó en evidencia una contradicción central en la política municipal de Durango: se exige más a una población que tiene menos. Y esa contradicción, tarde o temprano, se cobra en las urnas y en la calle.

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