
Gritan “autoritarismo” y avalaron fraudes
Jesús Francisco Sánchez
Hay mucha hipocresía y mucha mentira en la oposición, creen que -como el propagandista nazi, Goebbels-, por repetir muchas veces una mentira será realidad-, creen que por repetirla la gente se lo va a creer.
Así, desde la tribuna más observada del país, la conferencia de prensa mañanera, la presidenta Claudia Sheinbaum puso el dedo en la llaga: el discurso que acusa a su gobierno de “autoritario” no es un análisis serio, sino una consigna repetida hasta el cansancio con la esperanza de que la mentira se vuelva verdad.
Sheinbaum fue clara al trazar la definición elemental de autoritarismo: un régimen sin libertades de expresión ni de reunión, con censura mediática, represión y violencia contra la disidencia. Y contrastó esa caricatura con la realidad cotidiana de México: radios, televisoras y redes sociales donde la crítica al gobierno no solo existe, sino que domina amplios espacios; marchas y movilizaciones diarias en todo el país; y un ejercicio público del derecho de réplica, incluso desde la propia mañanera.
La pregunta retórica cayó por su propio peso: ¿de cuándo acá un país con esta pluralidad de voces y libertades puede llamarse autoritario? La presidenta recordó que, si alguien ha luchado por ampliar la democracia en México, ha sido precisamente el movimiento que hoy gobierna.
El señalamiento fue más allá de la abstracción. Sheinbaum evidenció la incongruencia de figuras del viejo régimen que hoy se erigen en paladines democráticos. Citó el caso del expresidente Vicente Fox, quien acusa autoritarismo tras haber promovido el desafuero de Andrés Manuel López Obrador para impedir su candidatura y tras avalar el fraude electoral de 2006. “¿Dónde está la consecuencia?”, cuestionó, subrayando la hipocresía de quienes olvidan su propio historial.
En la misma lógica se inscribe —dijo— la etiqueta de “narco presidente” o “narco gobierno”. No es una acusación inocente: busca borrar de la memoria colectiva un hecho contundente. El único alto funcionario mexicano condenado por vínculos con el narcotráfico es Genaro García Luna, secretario de Seguridad durante el sexenio de Felipe Calderón. El ruido mediático pretende desviar la atención de esa verdad incómoda.
La presidenta también recordó los expedientes que nunca se aclararon cuando esos mismos actores estuvieron en el poder: Los Amigos de Fox, La Estafa Maestra, los flujos ilícitos en campañas y los fraudes electorales que buscaron, una y otra vez, cerrar el paso a un proyecto político distinto.
En el fondo, el mensaje es sencillo pero contundente: repetir una acusación no la convierte en realidad. México vive un momento de debate abierto, de confrontación de ideas y de libertades ejercidas todos los días. Llamar “autoritarismo” a ese escenario no es análisis; es propaganda.
Y frente a la propaganda, la historia reciente pesa. Porque la democracia no se defiende con gritos ni con etiquetas, sino con memoria, congruencia y hechos. Y en ese terreno, como dejó claro la presidenta, la mentira —por más que se repita— termina por caer bajo su propio peso.






Espacio Libre México

