
Diputado de Morena becará a 40 estudiantes indígenas para educación superior
Espacio Libre México
En tiempos donde la política suele asociarse con privilegios, excesos y discursos vacíos, una acción concreta rompe la inercia y obliga a voltear a ver lo que sí debería ser normal en el servicio público.
El diputado local de Morena en Durango, Bernabé Aguilar, anunció que becará a 40 jóvenes indígenas para que puedan cursar estudios de educación superior. No se trata de un programa inflado con recursos públicos ni de una estrategia de imagen: el apoyo saldrá de sus propios ahorros.
La beca cubrirá el pago total de las colegiaturas durante toda la duración de la carrera —de dos o tres años— principalmente en nivel licenciatura. La mayoría de las y los beneficiarios estudiará pedagogía, con un compromiso claro: concluir su formación y regresar a fortalecer el desarrollo educativo de sus comunidades.
La mayor parte de estos jóvenes proviene de El Mezquital, así como de regiones históricamente olvidadas como Pueblo Nuevo, Tepehuanes, Otáez y San Dimas. Zonas donde la educación superior no es un derecho garantizado, sino un privilegio casi inalcanzable.
Para muchos de ellos, salir de su comunidad simplemente no es opción. Las condiciones económicas lo impiden. Por eso, este programa representa algo más que una beca: es una puerta que se abre donde casi siempre ha habido cerrojo.
El legislador explicó que el apoyo será de 1,500 pesos mensuales por estudiante, recurso que se entregará conforme a los acuerdos establecidos con el Centro Universitario Virtual, institución encargada del acompañamiento académico.
En un país donde durante décadas se normalizó que la clase política viviera desconectada de la realidad del pueblo, este tipo de acciones envía un mensaje poderoso: la representación popular no debe ser un trampolín personal, sino una herramienta de transformación colectiva.
Si así fueran todos.
Porque cuando un diputado decide invertir su propio ingreso en educación indígena, no está haciendo caridad: está ejerciendo congruencia.
Y en tiempos de cinismo político, la congruencia vale oro.






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