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Lo que es la vida. Por años Pancho Villa en Durango fue considerado un bandido, un asesino. Un robavacas, despreciado por nuestra clase gobernante, olvidando que fue uno de los artificies, sino el principal, de la Revolución Mexicana, que luego se convirtió en rebolución, en saqueo, por más de ochenta años, hasta que llega el presidente AMLO, a devolvernos a nuestro país a los mexicanos.
La prueba más fehaciente que aquí en Durango, duranguito, duranghetto, duranrancho, ignoramos al general de generales, al máximo jefe de la División del Norte, es que existe una sola estatua del Centauro y la tenemos arrinconada como mueble viejo e inútil.
Cuando el General Francisco Villa, Pancho Villa, debería ser nuestro símbolo como durangueses. Es el mexicano más conocido en el mundo. El viva Pancho Villa se ha convertido en un grito de guerra y rebeldía.
Tenemos hace diez años un mal llamado museo dedicado al General, que no cumple con las especificaciones de museo. Un museo debe exhibir las armas, uniformes, la vida y muerte de Villa, de un tal Doroteo Arango, mundialmente llamado Francisco Villa, fotos de Villa, los miles de libros que se han escrito de la vida del guerrillero. Una colección de objetos y cosas del General.
El museo de Villa ubicado en el palacio de Zambrano, es todo, menos museo de Villa dizque dedicado al General. Es un cascaron vacío, sin historia ni contenido Villista, dedicado a bailes, cenas de postín, graduaciones, quince años y cumpleaños, venta de gelatinas.
Aun así, el imán de Pancho Villa es innegable, atrae cientos de turistas, nacionales y extranjeros, sobre a todos los mexicanos nacidos en gabacho.
Villa es admirado y odiado, con Villa no hay medias tintas. Se le ha honrado, se le ha difamado. Se han filmado varias películas de su vida, y cantado miles de corridos de sus hazañas, de sus batallas y caballos, hasta de su muerte.
En este año de Villa, qué grato sería escuchar decir al cantante inútil gobernador Villegas que va invertir veinte o treinta millones en dar vida al Museo de Villa, en equiparlo con armas y fotos, dotarlo de libros y videos, de la vida y hazañas del General, y no gastar el presupuesto en giras turísticas por gabacho y china, disfrutando de sus viajecitos de placer.
El General Francisco Villa merece un museo digno de él. No un centro de graduaciones y cenas lujosas.
Ahora resulta que, en este gobierno de Villegas, “somos la gran familia Villista”. Para Villistas, Chihuahua, ese sí es un verdadero museo de Pancho Villa. Cuenten el número de monumentos dedicados al máximo General de la División del Norte en vecino estado norteño de Chihuahua.
Ahí, en la tierra que tanto amó el General, sí es válido gritar, Viva Villa cabrones. Aquí es una moda que terminará, desgraciadamente este año.

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