
Donde el agua guarda secretos: mitos y tragedias de la Presa Santa Elena

Hoy me desperté y me vi al espejo, me encontré raro.
Puede ser por qué el medicamento que me hacía sentir bien, ayer se acabó.
Puede ser porque me corrieron de la iglesia a la que fui fiel por más de 20 años.
Puede ser porque parece que soy hijo adoptado.
Puede ser porque soy marginado.
Puede ser porque mi madre murió y yo no lloré.
Puede ser que la mujer que amé se fue con el tipo que le pagó la operación del busto y el mentón.
Puede ser que tenga depresión y el no dormir por el insomnio ayude a cómo estoy.
Puede ser que me piense suicidar.
Puede ser que el culto donde serví y pensé que salvaría mi vida terminó siendo una red de proxenetas y el culpable con más culpa fui yo, pues el líder unas semanas atrás me estableció como cara central del cuento internacional.
Puede ser que cuando me piden algo no se decir que no.
Puede ser que cuando estoy comiendo no tenga algún sabor.
Puede ser que mi familia me desheredó por mentir en el trabajo acerca de que mi abuela falleció para faltar y ya no regresar.
Pero no lo sé tal vez solo estoy raro por falta de responsabilidad o por no obedecer lo que me dicen y trabajar para solo poder tener dinero y comprar, comprar sin parar, para poder llenar el vacío de amor y afecto que tengo dentro de la propia imagen de soledad.
Pero de algo estoy seguro: y eso es, que hoy estoy raro.
Espacio Libre México

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