
Vamos bien y vamos a ir mejor: Sheinbaum
Jesús Francisco Sánchez
Mientras los agoreros del desastre desempolvan una y otra vez sus viejos manuales del miedo, la realidad económica de México vuelve a imponer su propia narrativa. Este lunes, el peso mexicano rompió la barrera psicológica de los 18 pesos por dólar y se colocó en 17.98, un dato que no admite maquillaje ni interpretación torcida: la economía nacional está fuerte.
Desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum lo dijo sin rodeos, con la serenidad que dan los hechos y no la propaganda: “Vamos bien y vamos a ir mejor”. Y no es una frase al aire. Es el resumen de un modelo económico que, contra todos los pronósticos catastrofistas de la oposición, ha demostrado solidez, resistencia y rumbo.
Durante años, los mismos de siempre anunciaron el colapso: que el peso se iba a desplomar, que la inversión huiría, que el país se volvería ingobernable. Nada ocurrió. Al contrario. Hoy México presume una moneda fuerte, estabilidad macroeconómica y un mercado interno dinámico. Todo ello, como subrayó la presidenta, gracias a un cambio profundo de modelo económico que dejó atrás el dogma neoliberal y apostó por el fortalecimiento del Estado, el consumo interno y la justicia social.
Sheinbaum fue clara: la fortaleza de la economía mexicana no es casualidad ni suerte. Es resultado de decisiones políticas, de disciplina fiscal sin austeridad suicida, de inversión estratégica y de un gobierno que entiende que el crecimiento debe llegar a la base, no quedarse atrapado en las cúpulas.
Además, la mandataria adelantó que el próximo año se presentarán informes detallados sobre el incremento de la inversión pública a través de diversos instrumentos. Es decir, no solo hay estabilidad hoy: hay un plan claro para fortalecer aún más la economía mañana. Más inversión pública significa más empleo, más infraestructura y mayor capacidad productiva nacional.
Mientras tanto, la oposición observa desde la barrera, atrapada en su eterno deseo de que a México le vaya mal para poder decir “se los dijimos”. Pero los números no mienten, el peso no obedece discursos y los mercados responden a realidades, no a berrinches políticos.
La economía mexicana avanza con paso firme. Pese a la desinformación, pese al ruido, pese a los pronósticos fallidos. Y como dijo la presidenta: vamos bien… y vamos a ir mejor.


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